Sin Redundar.

Por Carlos Avendaño.

El rey de Elota: selfies, flores y un municipio en llamas. Richard Millán Vázquez no gobierna Elota: se gobierna a sí mismo. Este flamante alcalde por Movimiento Ciudadano, ha decidido que el cargo no es para resolver problemas, sino para interpretar un papel: el del monarca ilustrado, cosmopolita y eternamente enamorado, aunque el municipio se caiga a pedazos. Palacio Municipal con muebles de realeza, viajes constantes por Europa y Estados Unidos, poses grandilocuentes, sonrisas de influencer, y Elota, sumida en uno de sus peores momentos de inseguridad. Pero no exageremos: el alcalde está feliz, lo dice él, lo publica él, lo celebra él. Porque mientras la paz se ausenta y la autoridad se diluye, las redes sociales florecen: pasteles, flores, amor, viajes y autorretratos, como si gobernar fuera un accesorio y no una responsabilidad. Y ojo: aquí no se critica a quién ama, se critica a quién abandona. El problema no es su vida personal, es la vida pública que dejó en pausa. Porque gobernar no es posar, y la felicidad privada no sustituye la obligación pública. Movimiento Ciudadano guarda silencio. Sergio Torres Félix, dirigente estatal, prefiere aplaudirle que exigirle, vaya conveniencia pura. Mientras el alcalde juega a la realeza, su partido juega a la complicidad. La joya del cinismo llegó cuando el propio Millán lo dijo sin rubor: “Seguiré viajando al extranjero las veces que sea posible, porque lo hago con mi dinero”. Perfecto. Entonces la pregunta es inevitable y no tiene nada de mala fe: ¿El sueldo de alcalde alcanza para este tren de vida? ¿O el erario también compra boletos de avión y estancias de lujo? Porque cuando un funcionario presume viajes en medio del caos, la transparencia no es opcional, es obligatoria. Lo que sucede en el municipio de Elota no es modernidad política, es degradación institucional. No es frescura, es valemadrismo. No es estilo, es arrogancia con cargo público. Sinaloa no necesita alcaldes que se crean reyes, necesita servidores públicos que se comporten como responsables. Porque al final, mientras el alcalde posa, el municipio de Elota paga, y paga caro…

Basura pública en funciones públicas. Sinaloa no deja de dar lecciones de civismo invertido. Marco Antonio Osuna Moreno, director de Vialidad y Transportes del Gobierno del Estado, fue detenido no por corrupción, no por abuso de concesiones, no por tráfico de influencias, sino por algo todavía más simbólico: tirar basura y agredir a policías. La escena es perfecta para entender al poder local: el funcionario que no respeta la ley, el servidor público que se indigna cuando la ley se le aplica, y el ciudadano que, casualmente, cobra del erario. Lo anterior ocurrió en el municipio de Ahome, en plena vía pública, en donde el reglamento ambiental -ese que sí aplica para los mortales- prohíbe expresamente tirar basura. Pero al parecer, el cargo trae consigo una interpretación especial del Artículo 123: “prohibido tirar basura, salvo que seas director”. Cuando los agentes intentaron hacer su trabajo, vino lo predecible: la negativa, la soberbia, la agresión, y la clásica confusión entre autoridad y autoritarismo. Porque en México el problema no es la ley, es a quién se le ocurre cumplirla. Lo verdaderamente grave no es la basura tirada -aunque es una metáfora perfecta-, sino la reacción. Porque quien no tolera una infracción, difícilmente puede exigir orden vial, cultura cívica o respeto a la norma. ¿Cómo pedir a los ciudadanos que respeten los semáforos, reglamentos y operativos, cuando quien dirige Vialidad no puede ni cargar su propia basura hasta un bote? Este no es un hecho menor. Es un retrato. Un resumen. Una postal del servicio público convertido en privilegio personal. Y no, no es persecución política, ni abuso policial, ni complot. Es simple y llanamente un funcionario enfrentándose, por primera vez, a una ley que creyó ajena. Porque al final, la basura no siempre está en las calles, a veces ocupa oficinas…

Playoffs con butacas vacías y preguntas incómodas. Arrancaron los Playoffs de la Liga Mexicana del Pacífico y Culiacán hizo lo suyo en el diamante: los Tomateros ganaron, y ganaron bien. Lo que no ganó fue la tribuna. El estadio lució medio lleno o medio vacío, según el optimismo de cada quien. Y ahí empezó el verdadero juego: el de las explicaciones. En las gradas se escuchaba de todo. Que desde la pandemia nada volvió a ser igual. Que la inseguridad espanta más que un mal umpire. Que la cuesta de enero llegó en diciembre y se quedó a vivir. Que el boleto, la cerveza y los nachos, ya no son para cualquier cartera. Y todas suenan razonables. Porque cuando la ciudad vive con miedo, el espectáculo pasa a segundo plano. Cuando el dinero no alcanza, el béisbol se vuelve un lujo. Y cuando salir de noche genera más estrés que emoción, la televisión gana por default. Eso sí, el juego se transmitió por Fox Sports, para que el país -y el mundo- vieran un estadio que no rugía como antes. Mala postal para la capital sinaloense, donde el béisbol siempre fue orgullo, identidad y escape. Y entonces surge la pregunta irónica, pero no absurda: ¿Habrá que llevar de a gratis a los beneficiarios de los programas sociales para que se llene el estadio? ¿Camiones, lista, pase de asistencia y aplauso obligatorio? Porque ya vimos que, para otros eventos, eso nunca falla. Lo cierto es que las gradas vacías no se llenan con discursos ni con culpas heredadas. Se llenan con seguridad, con economía estable, con confianza para salir, y con un ambiente donde la gente quiera -y pueda- gastar su tiempo y su dinero. Los Tomateros cumplieron. La afición quiso, pero no pudo o no se atrevió. Y cuando ni el béisbol logra convocar como antes, el problema ya no está en el marcador, está en la realidad que rodea al estadio…

Gasolina cara, discurso barato. Y justo para cerrar el año, Hacienda ajusta el IEPS a las gasolinas “por inflación”. Qué detalle, qué sensibilidad, qué cierre tan humano para diciembre. Porque mientras en México el litro sube “por ley”, “por fórmula” y “por responsabilidad fiscal”, a Cuba se le regala la gasolina como gesto solidario internacional. Aquí en México tan solo hay bloqueo al bolsillo. Bonita forma de agradecerle al pueblo bueno y sabio su fidelidad electoral: votaste por nosotros, aguantaste la inflación, soportaste la inseguridad, pagaste más impuestos, y ahora, paga más gasolina. Pero no se preocupen, no es aumento, es ajuste. No es golpe, es cosquillita fiscal. No es abuso, es transformación energética de tu cartera a la Tesorería. Eso sí, el discurso sigue intacto: que ya no hay gasolinazos, que antes estaba peor, que Calderón, que el neoliberalismo, que el pasado. El presente, ese, lo pagas tú cada vez que cargas el tanque. Y mientras el gobierno presume soberanía, la gasolina sube. Mientras presume justicia social, el transporte se encarece. Mientras presume austeridad, el IEPS nunca falla. Así que disfruten, fieles creyentes de la 4T: disfruten pagar más por moverse, disfruten que todo sube menos el ingreso real, disfruten la coherencia revolucionaria de regalarle a Cuba lo que en México se cobra con intereses. Porque estos bandidos morenistas sí salieron diferentes, diferentes en el discurso e idénticos en la factura…

Preguntas por demás obligadas con respuestas que ya parece chiste nacional: ¿Quién preside el Poder Ejecutivo? ¿Quién tiene la mayoría aplastante en el Poder Legislativo? ¿Quién presume controlar -o al menos presionar- al Poder Judicial? ¿Quién gobierna la mayoría de las gubernaturas del país? Entonces, ¿Quién tiene la responsabilidad de los problemas en México? Exacto, estimado lector: Felipe Calderón Hinojosa. Aunque ya no esté. Aunque ya no gobierne. Aunque hayan pasado años. Aunque hoy todo, absolutamente todo, esté en manos de MORENA. Porque en el México de la 4T, el poder no sirve para gobernar, solo para culpar. La culpa es hereditaria, eterna y retroactiva. Si sube la gasolina: Calderón. Si no hay medicinas: Calderón. Si la economía no crece: Calderón. Si la violencia se desborda: Calderón. Si el café está frío: Calderón. Gobiernan el país, pero administran pretextos. Tienen el control, pero no la responsabilidad. Ejercen el poder, pero rehúyen las consecuencias. La narrativa es clara: MORENA nunca se equivoca, el pasado siempre estorba, y el presente nunca es suyo. Así que no se confunda: en este régimen, mandar no implica responder. Y mientras tanto, el país sigue pagando los errores… de alguien que ya no está, pero que les sigue resolviendo el discurso…

En nuestro querido estado de Sinaloa, es por demás que triste ver a los siete diputados federales de MORENA, votar en contra de la baja del precio de la gasolina y de la energía eléctrica. Sigan votando por ellos…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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