“Al Cierre de año: cuando la rendición de cuentas se queda en el discurso”.

Por Javier Zapata.

Al finalizar el año, los gobiernos municipales suelen apresurarse a presentar balances que prometen orden, avances y resultados. Los informes abundan, los mensajes se repiten y las cifras se acomodan. Lo que escasea, en cambio, es la claridad.

La transparencia se ha convertido en una palabra cómoda: se menciona con frecuencia, se presume en comunicados oficiales y se invoca en actos públicos. Pero entre decir y demostrar hay una distancia que, en muchos municipios, sigue sin recorrerse. El ciudadano promedio no encuentra respuestas simples a preguntas básicas sobre el uso de los recursos públicos, pese a que estos no pertenecen al gobierno, sino a la gente.

Rendir cuentas no consiste en enumerar obras, ni en exhibir montos globales. Consiste en explicar por qué se decidió gastar en ciertas prioridades y no en otras; en justificar retrasos, sobrecostos o proyectos inconclusos; en aceptar que no todo salió como se prometió. La opacidad comienza justo donde termina la autocrítica.

Resulta llamativo que, en un contexto de carencias visibles, los informes de fin de año dibujen municipios casi ideales. Calles que aún esperan pavimento, servicios deficientes y comunidades olvidadas difícilmente encajan con narrativas triunfalistas. Cuando el discurso oficial contradice la experiencia cotidiana, la rendición de cuentas pierde sentido y credibilidad.

La transparencia verdadera incomoda, porque obliga a abrir decisiones, contratos y procesos al escrutinio público. Exige coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. No es casual que muchos gobiernos prefieran la forma al fondo y el aplauso al cuestionamiento.

Cerrar el año con honestidad institucional sería un gesto mínimo de respeto hacia la ciudadanía. Reconocer límites, explicar errores y asumir responsabilidades no debilita a un gobierno; lo fortalece. Lo contrario disfrazar el balance solo confirma que la rendición de cuentas sigue siendo una promesa pendiente, cuidadosamente envuelta en palabras correctas.

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