Calles en ruinas: el costo de la indiferencia en Tepic.

Por:  Sofía López Alonso

Tepic, capital de Nayarit, es una ciudad con una riqueza histórica y cultural innegable. Sin embargo, basta con recorrer unas cuantas colonias para notar que su infraestructura vial parece detenida en el tiempo… o peor aún, en retroceso. Los baches, hundimientos, fugas de agua, obras inconclusas y asfaltos parchados al vapor se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Es como si las calles hubieran sido abandonadas a su suerte, mientras los ciudadanos seguimos pagando las consecuencias.

Lo más preocupante no es solo el deterioro evidente, sino la normalización del problema. Hemos llegado a un punto donde esquivar baches es tan rutinario como detenerse en un semáforo. La ciudadanía lo ha integrado en su día a día, mientras las autoridades parecen no sentir la urgencia de atender una situación que afecta directamente la movilidad, la economía y la seguridad.

El daño a los vehículos ya representa un gasto frecuente e injusto para miles de familias. Amortiguadores, llantas, rines doblados o rotos… incluso accidentes provocados por la mala condición del pavimento. ¿Quién responde por eso? Nadie. El ciudadano paga doble: por impuestos que deberían destinarse al mantenimiento vial, y por la reparación de daños que esos mismos impuestos debieron prevenir.

Pero la afectación va más allá de lo material. Las malas calles desalientan la inversión, complican el transporte público, generan embotellamientos innecesarios y afectan la imagen de la ciudad ante visitantes y turistas. Tepic merece algo mejor que ser conocido por “los baches que parecen cráteres”.

Es cierto que cada temporada de lluvias agrava la situación, pero no puede ser la excusa eterna. Lo que falta no es clima favorable, sino planeación, mantenimiento preventivo y transparencia en las obras públicas. No basta con tapar baches de forma superficial cada seis meses; es necesario replantear de raíz la calidad de los materiales, la supervisión técnica y la correcta aplicación del presupuesto.

La ciudadanía también tiene un papel. No podemos seguir callando. Es necesario exigir información clara sobre los contratos de obra, denunciar irregularidades, presionar a las autoridades y apoyar propuestas que apunten a un verdadero mejoramiento estructural de las calles. La participación ciudadana no es un favor, es una herramienta.

Tepic tiene todo para ser una ciudad moderna, funcional y atractiva. Pero mientras las calles sigan siendo un campo minado, esa visión seguirá siendo un sueño lejano. El deterioro vial no es solo un problema de infraestructura: es un reflejo del compromiso —o la falta de él— de quienes están al frente del gobierno… y de nuestra disposición a exigirles cuentas.

Es momento de reconocer que las calles de Tepic no están así por casualidad, sino por años de decisiones incompletas, soluciones temporales y una preocupante falta de prioridad. La ciudad ya pagó suficiente. Ahora toca a las autoridades cumplir.

Tepic merece una transformación profunda, no solo un maquillaje superficial cada vez que se acercan tiempos electorales. La reparación de calles no debería ser una estrategia política, sino un compromiso permanente con la calidad de vida. Cada obra pospuesta, cada promesa incumplida, cada bache ignorado se convierte en un recordatorio doloroso de la desconexión entre las necesidades reales de la ciudadanía y las prioridades de quienes administran los recursos públicos.

Porque al final, el verdadero problema no es la falta de recursos como tantas veces se argumenta, sino la falta de administración eficiente. Ciudades con presupuestos similares o incluso menores logran calles dignas, funcionales y seguras. ¿Por qué Tepic no? ¿Por qué seguimos atrapados en un ciclo interminable de rehabilitaciones temporales, contratos dudosos, materiales de baja calidad y obras que duran menos que una temporada de lluvias?

Estas preguntas no buscan señalar por señalar. Buscan abrir un debate que ya es urgente. Hablar del mal estado de las calles es hablar de prioridades, de transparencia y de voluntad política. Es hablar de cómo una ciudad que intenta crecer se ve frenada por decisiones cortas de miras y por la falta de un plan integral de infraestructura que trascienda administraciones.

Es indispensable que Tepic empiece a pensar a largo plazo. No solo reparar, sino reconstruir con visión. No solo tapar baches, sino invertir en pavimentos que resistan. No solo atender denuncias ciudadanas, sino prevenir el deterioro antes de que sea incontrolable. Las soluciones existen: mejores mezclas asfálticas, métodos modernos de pavimentación, auditorías técnicas independientes, calendarización de mantenimiento preventivo y —sobre todo— decisiones públicas basadas en evidencia, no en conveniencias políticas.

Además, es momento de crear una cultura de exigencia y colaboración. Los ciudadanos no somos simples espectadores del deterioro; somos actores fundamentales. Exigir cuentas claras, participar en comités de obra, utilizar canales de denuncia, documentar irregularidades y apoyar propuestas serias puede marcar una diferencia real. No se trata de confrontar, sino de comprometerse con una ciudad que nos pertenece y que debemos defender.

Los sectores empresariales, transportistas y académicos también tienen un papel clave. Una agenda común entre ciudadanía y especialistas podría presionar para que las políticas de infraestructura cambien y se modernicen. No basta con quejarnos en redes sociales: urge articular una voz colectiva que impulse reformas y supervisiones que realmente funcionen.

Si Tepic aspira a ser una ciudad referente en Nayarit y en el país, debe comenzar por su infraestructura básica. Las calles son la columna vertebral de la movilidad, del comercio, del turismo, de la seguridad y del bienestar. No puede haber desarrollo real mientras los cimientos sobre los que se mueve la ciudad estén fracturados.

Y quizá la reflexión más importante sea esta: las calles hablan. Dicen quiénes somos como sociedad, qué toleramos, qué exigimos y qué dejamos pasar. Hoy, lamentablemente, las calles de Tepic hablan de olvido, improvisación y abandono. Pero también pueden hablar de cambio, si decidimos que ya es suficiente.

Tepic no merece seguir en ruinas. Sus ciudadanos tampoco. Es momento de reconstruir no solo el pavimento, sino la confianza, la responsabilidad pública y la visión de una ciudad que puede —y debe— aspirar a más.

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