Por Javier Zapata.
En México, los derechos humanos suelen usarse como bandera, como principio, como discurso.
Pero en Tepic ocurre algo peor, se usan como disfraz.

Porque del otro lado de los derechos humanos, el lado real, el lado que no aparece en pendones ni en videos pagados con dinero público está la parte que la edil intenta ocultar con luces, pasarelas y propaganda.
El lado donde la justicia se maquilla
La edil presume avances, logros y transparencia, pero la realidad dice otra cosa:
expedientes detenidos, víctimas ignoradas, denuncias sin respuesta y una ciudad abandonada.
La defensa de los derechos humanos se convirtió en su accesorio favorito en campaña permanente.
El lado donde la protección es selectiva
En Tepic, los derechos humanos solo se mencionan cuando sirven para proteger a la autoridad… no a la ciudadanía.
Cuando un caso incomoda al ayuntamiento, se minimiza, se oculta o se manipula la narrativa.
La edil no defiende derechos; defiende su imagen.
El lado donde los recursos públicos se desvían hacia propaganda
Mientras la ciudad enfrenta problemas reales, la alcaldesa gasta millones en lonas, pendones, cámaras, maquillajes y escenarios que intentan construir una realidad falsa.
Ese dinero debería servir para atender denuncias, apoyar a víctimas o fortalecer instituciones, pero termina financiando un espectáculo personal.
Esto ocurre con la complicidad silenciosa de Morena y del gobierno federal, que prefieren callar antes que aceptar la manipulación descarada de recursos y la mentira institucional.
El lado donde la simulación domina
Las mesas de trabajo son para la foto.
Los informes son para presumir.
Las campañas son para manipular.
La atención a la ciudadanía es lo último en la lista.
El otro lado de los derechos humanos es este:
la simulación profesionalizada, el uso político del dolor ajeno, la manipulación de cifras y la fabricación de una versión artificial de Tepic que no coincide con la verdad.
El lado donde el Estado real se revela
No el Estado del discurso.
No el que aparece en los pendones gigantes colgados por toda la ciudad.
No el de los videos editados.
El Estado real es el que se esconde detrás del show:
Un ayuntamiento que opera con opacidad, que miente en sus informes, que revictimiza y que burla al pueblo de Nayarit, utilizando los derechos humanos como una máscara.
Ese es el otro lado.
El que ya no pueden tapar.
El que la ciudadanía está viendo.
El que pesa más que cualquier propaganda.
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