“Tepic entre luces falsas y sombras verdaderas”


“Un llamado a la Presidenta Sheinbaum”.

Por Javier Zapata.

En Tepic, la política ha perdido su inocencia. Lo que alguna vez fue esperanza y renovación hoy se percibe como una puesta en escena calculada, sostenida por el brillo del espectáculo y no por la fuerza de los resultados. La figura de Geraldine Ponce, actual presidenta municipal, representa ese cambio de rumbo: la sustitución del servicio público por la autopromoción, del trabajo por la propaganda, y del compromiso por el culto a la imagen.

Desde el gobierno municipal se ha intentado imponer una idea de favoritismo, una narrativa de victoria anticipada que poco tiene que ver con la voz real de los ciudadanos.

Encuestas convenientes, publicaciones triunfalistas y discursos que proclaman una aprobación total buscan construir una sensación de inevitabilidad política. Pero esa estrategia revela su verdadera intención: desmovilizar a una ciudadanía cansada, hacerle creer que su opinión ya no cuenta.

Detrás de esa fachada luminosa se esconde algo más oscuro: la utilización de recursos públicos para sostener una imagen personal, el desprecio por la crítica y la manipulación del discurso de “transformación”, como simple eslogan de campaña. No se trata sólo de errores administrativos, sino de un patrón perverso donde el poder se normaliza como privilegio y se usa el mensaje del pueblo para silenciar al propio pueblo.

La perversidad del poder no está en su ejercicio visible, sino en la sutileza con que se infiltra en lo cotidiano. En Tepic, el gobierno ha aprendido a usar la cercanía como herramienta de control y la empatía como máscara de propaganda. Pero el desencanto social empieza a abrirse paso. Las calles hablan, los ciudadanos comparan, y el brillo de las pantallas ya no logra cubrir el vacío de la gestión.

Esa desilusión esa pérdida silenciosa de confianza tiene consecuencias inevitables. Los pueblos, cuando se sienten engañados, cuando perciben cinismo en lugar de servicio, acaban cobrando con lo único que les queda: su voto consciente, razonado, y muchas veces, correctivo. No por consigna, sino por dignidad.

“Por eso, este no es un mensaje de confrontación, sino de advertencia ética”.

La Presidenta Claudia Sheinbaum, quien ha mostrado una vocación por la sobriedad, la disciplina y la integridad política, tiene en Tepic una oportunidad para escuchar el eco de una advertencia justa. La transformación no puede sostenerse sobre la simulación ni sobre figuras que confunden la popularidad con legitimidad. La ciudadanía distingue, y cuando lo hace, ajusta cuentas de la manera más democrática posible: con memoria y consecuencia.

Tepic no necesita discursos vacíos ni líderes en busca de aplausos. Necesita respeto, resultados y coherencia.

Porque el verdadero amor al pueblo no se graba en video: se demuestra en silencio, con trabajo, transparencia y humildad.

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