La UNAM, pilar de libertad intelectual, enfrenta un acoso multifacético en 2025 que amenaza su autonomía y esencia.

CDMX (RRC): La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) representa uno de los baluartes más sólidos de la libertad intelectual y el pensamiento crítico en un contexto donde esos espacios escasean.

Fundada en 1910 y con autonomía constitucional desde 1929, ha sido un faro de resistencia contra intentos de control ideológico, pero en los últimos meses —y especialmente en 2025— ha enfrentado un acoso multifacético que va desde amenazas de violencia hasta presiones políticas y presupuestales.

Desde septiembre de 2025, la UNAM ha vivido una oleada de incidentes que han paralizado planteles y generado pánico. Un homicidio en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Sur el 22 de septiembre detonó protestas legítimas por inseguridad, pero rápidamente escaló a amenazas de bomba en facultades como Ciencias Políticas, Ingeniería, FES Iztacala y Prepa 6.

Estas alertas falsas, difundidas vía redes con celulares desechables, han obligado a evacuaciones masivas y suspensiones de clases.

La Fiscalía de la CDMX investiga un «enjambre» organizado para desestabilizar la institución y presionar la destitución del rector Leonardo Lomelí Vanegas, a quien grupos de poder interno y externo no reconocen.

Ya se identificaron al menos dos responsables, citados a comparecer, pero el daño persiste: vandalismo en el Museo de Arte Contemporáneo Universitario (MUAC) por el «Bloque Negro» durante marchas, y extensiones de estas amenazas a la UAM.

En X, usuarios como @Arouet_V destacan cómo estos grupos —algunos infiltrados por intereses políticos— usan la UNAM como escenario para catarsis destructiva, con trasiego de drogas y prostitución en facultades como Economía y Derecho.

Esto no es libertad; es caos inducido para erosionar la confianza en la autonomía.

Paralelamente, persiste el acoso interno contra estudiantes, especialmente mujeres. En octubre, alumnas de Arquitectura bloquearon Insurgentes Sur por tercer día consecutivo, exigiendo espacios libres de hostigamiento por parte de profesores —denuncias ignoradas por autoridades que no formalizan respuestas.

En marzo, reportes de agresiones en el tramo entre Metro Universidad y el Circuito Mario de la Cueva (con alumbrado deficiente) sumaron a un promedio de 7 denuncias mensuales por acoso, abuso y violaciones desde 2019 —más de 500 en total, con solo el 81% resueltas y sanciones opacas.

Estudiantes de bachillerato y licenciatura han marchado en silencio hacia Rectoría por robos, intentos de secuestro y acoso en inmediaciones de CU, criticando la «deficiencia» en seguridad.

La Defensoría de Derechos Universitarios ofrece canales para denuncias, pero la percepción es de inacción, lo que alimenta paros y tomas de facultades.

En X, colectivos como @DENUNCIACSOIMER vinculan esto a patrones históricos de abuso de poder.

El estancamiento del presupuesto y descalificaciones públicas responden a un intento de «reinstaurar un proyecto autoritario», proponiendo elecciones directas para cargos como una «democratización» que en realidad politizaría más la institución.

Analistas como José Woldenberg llaman la atención sobre este «acoso» que no es paranoia, sino un patrón preocupante. 

Otros ven una «burocracia dorada» infiltrada por la derecha desde hace décadas, saquear recursos en vez de priorizar seguridad y calidad educativa. 

Incidentes como la expulsión violenta de un adulto mayor rezando contra una exposición blasfema en el MUAC ilustran cómo la «tolerancia» selectiva permite vandalismo pero reprime disenso pacífico.

La UNAM no es solo una universidad; es un espacio donde se forja el disenso necesario para una democracia sana. Para preservarlo:

  • Reforzar seguridad: Mayor control de acceso, protocolos revisados y colaboración con Policía Cibernética, como ya inició la Rectoría.
  • Atender demandas de género: Implementar encuestas de salud mental (ya en marcha desde octubre) y sanciones transparentes, sin politizarlas.
  • Defender la autonomía: Exigir presupuesto adecuado y rechazar injerencias, como pide la comunidad en X.

Si este acoso prospera, perdemos todos. La UNAM debe seguir siendo ese «pocos espacios de auténtica libertad» que mencionas —y para eso, necesita el respaldo de su comunidad y la sociedad.

La UNAM es un bastión de libertad que debemos proteger.

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