La Sed que No Cesa: Tepic, una Ciudad al Borde del Colapso Hídrico.
Por Ricardo Reyes.
Imagina despertar en una mañana de octubre, con el sol de Nayarit ya abrasando las calles de Tepic, y descubrir que el tinaco está seco.
No es un olvido: es la rutina. En colonias como las afectadas por el tandeo crónico, familias enteras —al menos 10 mil hogares en las más golpeadas— llevan hasta siete días sin una gota de agua potable.
No es una anécdota aislada; es el rostro humano de una crisis que devora la paciencia de una ciudad entera. ¿Cuánto más puede aguantar Tepic antes de que la sed se convierta en revuelta?

El Sistema Integral de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) de Tepic no es solo un organismo; es un Frankenstein operativo, financiero y político que cojea desde hace más de una década. Las tarifas congeladas por el Congreso de Nayarit —una decisión «proteccionista» que huele a cálculo electoral— han asfixiado sus ingresos, dejando al SIAPA sin margen para invertir en pozos sobreexplotados o redes con fugas que desperdician el 40% del agua producida.
Cada metro cúbico cuesta entre 6.50 y 7 pesos en realidad, pero se cobra a 4.60; el déficit energético solo, con la CFE cobrando más de 2.80 pesos por kWh, devora 136 millones anuales del presupuesto.
Y mientras tanto, una porción significativa de la población no paga, amparada en una ley que prohíbe cortes. El resultado: un colapso inminente en tres años, si no antes. La sequía nacional pronosticada para 2025, que podría extenderse seis meses, solo acelera el desastre, convirtiendo a Nayarit en un polvorín hídrico.
Pero la crisis no es solo técnica; es un espejo de nuestra indiferencia colectiva. En Tepic, el agua contaminada que gotea de los grifos no es un lujo: es un riesgo sanitario. Enfermedades gastrointestinales acechan a niños y ancianos, mientras ríos y lagunas envenenados por el descuido industrial agravan el problema.
El legislador Armando Vélez lo dice claro: «Es un asunto de Estado», con redes de distribución y drenaje tan deterioradas que el agua abundante en la región se pierde en fugas o llega sucia a los hogares. Familias pagan facturas anuales de 20 millones de pesos en total, solo para recibir migajas. ¿Dónde está la responsabilidad?

Y luego está la reforma al artículo 91 de la Ley de Agua Potable de 2022, ese caballo de Troya bienintencionado que amenaza con rematar el servicio. Bajo el pretexto de garantizar 50 litros diarios por persona a morosos —un guiño al derecho humano al agua—, ha inflado la cartera vencida hasta en 100 mil pesos por fraccionamiento.
¿El impacto? Organismos como el de Tepic, San Blas y Bahía de Banderas no pueden invertir en mantenimiento; las fugas se multiplican, los cortes de luz por deudas energéticas dejan colonias enteras a oscuras, y los usuarios cumplidores —muchos de bajos recursos— subsidian a los evadidores con capacidad económica.
Críticos la llaman «incentivo perverso»: ¿por qué pagar si el grifo nunca se cierra del todo? La equidad se pierde en un subsidio cruzado que castiga a los vulnerables y premia la morosidad. Propuestas como focalizar el mínimo a hogares certificados o activar cobros coactivos existen, pero duermen en el limbo político.
En medio de este caos, un rayo de esperanza: la instalación del Programa Hídrico de Nayarit 2025-2050 el 1 de octubre. Es un paso hacia la planeación a largo plazo, reconociendo que el agua no es un recurso infinito. Pero sin voluntad real —y sin ajustes tarifarios que asuman el costo verdadero—, será solo papel mojado.
El diputado Vélez propone lo obvio: reemplazar redes centrales con colaboración estado-municipio, aunque cueste un millón por tres cuadras. ¿Y la sociedad? Debe dejar la «enorme indiferencia» y entender que el agua no es gratuita; es un pacto colectivo.
Tepic no puede seguir parchando grietas mientras el pozo se seca. Urge una tarifa realista, inversión en infraestructura y una reforma que proteja sin paralizar. De lo contrario, la sed no solo agota los tinacos: devorará la cohesión social.
¿Estamos dispuestos a pagar el precio, o preferimos beber del vaso roto hasta que se quiebre? La pelota está en la cancha del Congreso y del SIAPA. Que no nos agarre sedientos en 2026.
