El espejismo del poder: discursos que maquillan la miseria.

Por Javier Zapata.

México está cansado de escuchar los mismos discursos con diferentes rostros. Los gobiernos cambian de color, pero no de costumbre. Cada visita, cada evento político y cada declaración se convierte en un teatro cuidadosamente armado para ocultar lo que en las calles es imposible esconder: la miseria disfrazada de progreso, la corrupción maquillada de transformación.

En Nayarit, la visita de la líder nacional de Morena no fue una muestra de unidad, sino una ceremonia de complicidad. Validó el discurso manipulado, hueco y sin sustento real que sostiene al gobierno de Tepic, ese que repite promesas mientras las colonias se hunden en baches, oscuridad y drenajes colapsados.


Respaldó un poder local que ha convertido la esperanza en negocio, y el dinero del pueblo en un botín para sueldos de lujo, propaganda, encuestas pagadas y vidas de millonarios financiadas con recursos públicos.

Se habla de “transformación”, pero las evidencias apuntan al retroceso. Se presume cercanía con el pueblo, pero gobiernan desde oficinas con aire acondicionado, lejos del lodo y del olor a drenaje que inunda los barrios. La austeridad solo aplica para los de abajo. Para ellos, el poder sigue siendo una empresa familiar.

El discurso oficial repite la misma mentira: “todo está mejor”. Pero las cifras, las calles y el rostro de la gente dicen lo contrario. Las luminarias no funcionan, los hospitales carecen de medicamentos y las familias viven bajo la amenaza constante de perder los pocos apoyos que les quedan si no obedecen la línea política del momento.
A eso le llaman política social. En realidad, es manipulación electoral financiada con dinero público.

Las denuncias son claras: mujeres beneficiarias de programas sociales son presionadas para afiliarse “voluntariamente” al partido en el poder. Se les advierte que, de no hacerlo, podrían perder sus apoyos. La vieja maquinaria del PRI revive con otro nombre y nuevos colores, pero con los mismos métodos de miedo, chantaje y sumisión.

La líder nacional llegó a Nayarit para aplaudir un gobierno que repite consignas vacías y fabrica encuestas a modo. Le hablaron de resultados, pero le escondieron la verdad: un Tepic colapsado, sin drenaje, sin alumbrado, sin rumbo.


El discurso del poder ya no convence, porque los hechos lo desmienten. Las palabras no pavimentan calles, no alumbran colonias ni limpian la corrupción que corroe las instituciones.

El país necesita gobernantes que escuchen, no operadores que compren aplausos. México no puede seguir bajo el control de una clase política que solo cambia de bandera para perpetuarse.


El pueblo ya no cree en discursos exige resultados y tarde o temprano, los que viven de la mentira terminarán enfrentando la verdad que ellos mismos ayudaron a construir: una nación cansada, dolida y lista para despertar.

zapata.nayarit@gmail.com

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