Por Ricardo Reyes Legaspi.
El Zócalo capitalino, ese corazón latiendo de la historia mexicana, se convirtió ayer en el escenario perfecto para un acto que no fue solo rendición de cuentas, sino una declaración de intenciones. Claudia Sheinbaum Pardo, la primera mujer presidenta en la historia de México, cerró su gira nacional de informes con un discurso ante más de 400 mil personas –según cifras oficiales de la Secretaría de Gobierno de la CDMX–, donde resumió un año de gobierno marcado por la continuidad de la Cuarta Transformación, pero también por los primeros sellos de su propia impronta científica y pragmática. «Vamos por el camino correcto», proclamó Sheinbaum, con esa mezcla de serenidad técnica y pasión militante que la distingue. Y aunque el ambiente fue de euforia –con vivas, porras y hasta silbatazos de trenes simulados–, el eco de su mensaje invita a una reflexión más profunda: ¿estamos realmente en un «momento estelar», como ella lo describió, o es hora de medir con lupa los avances reales?.
No se puede negar el optimismo contagioso que emanó del templete. Sheinbaum, flanqueada por su gabinete y gobernadores afines, desgranó cifras que pintan un México en ascenso. En el ámbito social, el gran estandarte: 13.5 millones de personas han salido de la pobreza en el último año, reduciéndola del 45% al 29% de la población, los niveles más bajos en cuatro décadas. El 82.4% de las familias mexicanas reciben al menos un apoyo de los programas de bienestar, con un presupuesto histórico de 836 mil millones de pesos invertidos en pensiones para adultos mayores, becas para estudiantes y esquemas para mujeres y campesinos. En vivienda, la meta sexenal de 1.2 millones de hogares ya suma 390 mil construidas hacia finales de 2025, con revisiones a créditos impagables del Infonavit que benefician directamente a trabajadores. Y en salud, el anuncio de 31 nuevos hospitales –20 de ellos con apoyo militar– promete fortalecer un sistema que, por fin, prioriza la prevención sobre el negocio.
La economía, otro pilar del discurso, se presentó como un motor robusto. Inversión extranjera directa récord de 36 mil millones de dólares en el primer semestre, inflación contenida en 3.5%, desempleo en 2.7% –uno de los más bajos del mundo– y un peso por debajo de los 19 por dólar. Sheinbaum presumió ingresos federales por 5.95 billones de pesos hasta agosto, un 8.5% más en términos reales que en 2024, gracias a una recaudación eficiente sin aumentar impuestos. En infraestructura, el Tren del Golfo avanza a toda máquina, y se impulsó un programa nacional de bacheo en carreteras federales. Incluso en el terreno internacional, la mandataria anunció reuniones con figuras como Marco Rubio, Mark Carney y Emmanuel Macron para blindar lazos comerciales y de seguridad, en un guiño a la soberanía que resonó fuerte: «Bajo ninguna circunstancia se aceptan intromisiones de países extranjeros. Somos un país libre, independiente y soberano».
Pero, como en todo buen informe presidencial, las sombras acechan en los márgenes. La seguridad, ese talón de Aquiles eterno, recibió aplausos por la reducción de homicidios –hasta 40% en algunas entidades, como en la CDMX durante su gestión anterior como jefa de gobierno–, pero las cifras nacionales aún duelen: miles de víctimas al año en un país donde la «construcción de la paz» se decide en México, sí, pero con resultados mixtos. Y en el frente económico, analistas como los del IMCO advierten de una caída en la inversión fija bruta y la ausencia de reglas claras en sectores estratégicos como la energía, donde la recuperación de Pemex y CFE es real, pero insuficiente para un crecimiento sostenido por encima del 1.2% proyectado para el año. El déficit fiscal se redujo un 36.3% gracias a recortes presupuestales, pero ¿a qué costo? ¿Más austeridad en un momento de recuperación post-pandemia?.
Lo que más impacta de este primer informe no son solo los números, sino el simbolismo. Sheinbaum, la física que gobierna con datos, caminó sin miedo por 31 estados en su gira de rendición de cuentas, un formato innovador que la acerca al pueblo más que a los salones legislativos. Su aprobación ronda el 80%, superior incluso a la de su antecesor en este punto del sexenio, según encuestas de Enkoll. Y en un guiño a las reformas constitucionales –judicial, energética y de soberanía–, reiteró: «Quien traicione y robe al pueblo enfrenta la justicia». Es un mensaje claro contra la corrupción, heredada de esos «seis sexenios de la oscura noche del neoliberalismo», como lo llamó.
En las redes, el pulso fue de celebración: simpatizantes de Oaxaca, Baja California y Michoacán compartieron fotos y videos de la multitud, con consignas como «¡Es un honor estar con Claudia hoy!» y resaltar la creación de un laboratorio de Inteligencia Artificial como emblema de un México moderno. Pero también hubo voces críticas, recordando que este es, en esencia, el «séptimo informe de López Obrador», con Sheinbaum como fiel continuadora.
Al final del día, este informe no es un cierre, sino un puente. Sheinbaum prometió «caminar sin descanso, con rectitud y valentía», honrando la confianza de un pueblo que, por primera vez, tiene a una mujer al mando. La transformación avanza, sí, pero el verdadero examen vendrá en los próximos meses: ¿podrá equilibrar la estabilidad macro con el crecimiento inclusivo? ¿Convertir las reformas en realidades cotidianas? México, con su historia de resiliencia, observa. Y aplaude, pero no se duerme. Porque, como dijo la presidenta, «ni las campañas de odio ni las mentiras cambian el rumbo de la historia que estamos escribiendo».
