Por Javier Zapata.
La preocupación central de la edil de Tepic, no está en atender las carencias más urgentes de la población, sino en proyectarse como la favorita para ser candidata y futura gobernadora. El tiempo y los recursos públicos se orientan más hacia su imagen personal que hacia el cumplimiento de los compromisos de campaña. Calles destruidas, falta de atencion, inseguridad y servicios deficientes, siguen siendo la realidad diaria de la ciudadanía, mientras la edil privilegia su posicionamiento político.
Era de esperarse de la incapacidad para resolver los problemas sociales más urgentes como la inseguridad, la falta de servicios, el deterioro urbano y el abandono de las colonias populares contrasta con el cinismo con el que presume logros inexistentes. Mientras la población enfrenta carencias y abandono, ella concentra sus esfuerzos en la publicidad personal y en alimentar la idea de ser la candidata “natural” al poder estatal.
La edil de Tepic ha dejado en claro que su prioridad no es la ciudadanía, sino su obsesión por convertirse en la preferida y proyectarse como candidata a gobernadora. El problema es que, mientras ella invierte tiempo y recursos en construir su imagen política, los problemas sociales de la capital siguen acumulándose sin solución.
Calles destruidas, colonias olvidadas, inseguridad que crece en silencio, basura en cada esquina, promesas incumplidas en materia de agua y servicios públicos, el catálogo de rezagos es largo. La edil ha demostrado una incapacidad evidente para atender lo urgente, y lo más grave es que, lejos de reconocer su fracaso, se refugia en el cinismo de presumir logros irreales.
Su estrategia es clara: multiplicar la propaganda y sostener una red de defensores pagados para maquillar la realidad. Así pretende engañar al electorado y ganar simpatías de cara a la sucesión. Sin embargo, la población cada día resiente más el contraste entre el discurso vacío y la dura realidad en las calles.
Mientras los ciudadanos piden soluciones a problemas inmediatos, la edil se comporta como si ya estuviera en campaña por la gubernatura, olvidando que fue elegida para gobernar Tepic y no para usar el cargo como trampolín personal. La historia reciente de la capital nayarita, no había visto tal nivel de desconexión entre una administración municipal y las necesidades de su pueblo.
“Hoy, el sello de su gestión no es el trabajo, ni los resultados, sino la incapacidad, el cinismo y la ambición desmedida.
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