“México, el país donde informar y defender derechos sigue siendo una sentencia de riesgo, y pocos se atreven”.

Por Javier Zapata.

Tepic, Nayarit. La realidad que golpea a México en pleno 2025 es brutal, informar, denunciar y defender derechos humanos sigue siendo una labor de alto riesgo. La violencia contra periodistas y defensores no es un tema aislado, sino un fenómeno estructural que atraviesa al país de norte a sur, y que coloca a México en la vergonzosa lista de las naciones más peligrosas para ejercer estas actividades.

Entre el año 2000 y la fecha, 174 periodistas han sido asesinados en posible relación con su trabajo. Solo entre 2018 y 2024, organizaciones como ARTICLE 19 documentaron más de 3,400 agresiones y 46 asesinatos. La impunidad es prácticamente total, casi ningún caso llega a sentencia contra los autores intelectuales, y el mensaje es claro; quien atente contra un periodista o defensor rara vez enfrentará la justicia.

Nayarit en el espejo nacional

Aunque el foco mediático suele recaer en entidades como Veracruz, Guerrero o Michoacán, Nayarit se ha convertido en un reflejo silencioso de la violencia contra quienes incomodan al poder. Atentados recientes contra comunicadores, amenazas constantes y el asesinato de un corresponsal han encendido las alarmas. Las protestas han sido contundentes, pero las respuestas oficiales se diluyen en declaraciones que no se traducen en acciones.

En paralelo, defensores comunitarios y ambientales enfrentan una doble persecución; hostigamiento de actores criminales y criminalización desde instituciones que, en lugar de protegerlos, fabrican procesos judiciales para silenciarlos.

Las raíces del problema

El análisis de organizaciones nacionales e internacionales revela una ecuación constante:
• Impunidad: investigaciones que nunca llegan a los responsables intelectuales.
• Colusión política: gobiernos locales que protegen intereses económicos y callan denuncias.
• Crimen organizado: grupos que marcan territorio y amenazan a quienes documentan sus actividades.
• Fragilidad de medios locales: periodistas sin respaldo corporativo ni protección real.
• Omisión y manipulación estructural: las instituciones encargadas de vigilar, atender y garantizar los derechos fundamentales de la libertad de expresión y la defensa de derechos humanos, lejos de cumplir su función, terminan siendo engranes de un aparato que simula, manipula cifras y maquilla realidades para proteger intereses políticos.

En Nayarit, los casos de corrupción ventilados en los últimos años y los vínculos entre actores políticos y económicos hacen más vulnerable a todo aquel que intente documentar abusos o denunciar irregularidades.

“La omisión y la impunidad convierten la libertad de expresión en un espejismo.”

El costo social y democrático

La consecuencia más visible es la autocensura. Los periodistas locales evitan investigar corrupción o crimen organizado; los defensores optan por callar para sobrevivir. Pero el costo es mucho mayor: una sociedad desinformada, un Estado sin contrapesos y comunidades abandonadas a su suerte frente al despojo y la violencia.

“El silencio no es libertad”; es autocensura forzada por miedo y violencia.”

El silencio no es casual, responde a un sistema donde quienes deberían garantizar la libertad de expresión prefieren administrar el conflicto, manipular los datos y presentar discursos vacíos en lugar de garantizar la verdad y la justicia.

“”Cada periodista silenciado, cada defensor criminalizado, es una herida a la democracia.”

La Urgencia de acciones concretas

El llamado de las organizaciones es directo:

  1. Procesar a los autores intelectuales, no solo a los ejecutores materiales.
  2. Crear protocolos de reacción inmediata en los estados, que no dependan del papeleo, ni de la voluntad política de turno.
  3. Asignar recursos reales a la protección de periodistas y defensores, más allá del discurso.
  4. Involucrar a organismos internacionales en casos emblemáticos de impunidad.

“Nayarit refleja el rostro oculto de un país donde se manipula la verdad y se omite la justicia.”

Una herida abierta

Cada atentado, cada amenaza y cada vida arrebatada a periodistas o defensores en México, representa no solo un crimen individual, sino una herida colectiva. Mientras la omisión, la manipulación institucional y la impunidad sigan siendo la regla, el mensaje será devastador en este país, buscar la verdad o defender derechos puede costar la vida.

“La omisión y la impunidad convierten la libertad de expresión en un espejismo.”

zapata.nayarit@gmail.com

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