Sin Redundar.

Por Carlos Avendaño.

Maritere y el síndrome del poder: del activismo a la simulación”. La diputada local de Morena, María Teresa Guerra Ochoa, alza la mano para el 2027 y dice que quiere medirse en las encuestas. Y nosotros, los sinaloenses, empezamos a buscar los rosarios, las veladoras y al santo de nuestra preferencia, porque con esta señora en campaña, lo que se nos viene no es esperanza, es más de lo mismo. ¿Se acuerdan de ella? Sí, la de la famosa “Ley de violencia política por razón de género”, esa iniciativa disfrazada de defensa de derechos, pero con tufo a censura descarada. Quiso blindarse con la ley y callar las voces críticas. ¡Qué conveniente! Porque si algo incomoda a los nuevos caciques de MORENA es que les digan sus verdades. La tía Tere, como le dicen algunos con confianza (sarcasmo), es parte del mismo grupúsculo político que ha secuestrado el poder en Sinaloa: los mismos que antes militaban en el PRD, que vivían de las prerrogativas, se reciclaban en candidaturas y se repartían el queso como buenos compadres. ¿Cambio? ¿Transformación? Por favor. Si solo cambiaron el logo de la playera. La gran ironía es que Maritere se decía activista, feminista, defensora de las mujeres. Hoy, ya con cargo, con fuero y con sueldo, se le olvidó la lucha y se le acomodó el discurso. Defiende lo indefendible. Calla cuando debe alzar la voz. Y cuando habla, lo hace solo para justificar al gobierno que le paga. De la trinchera crítica a la alfombra del poder, en tiempo récord. Y ahora quiere gobernar Sinaloa. ¿Se imagina usted, estimado lector, lo que eso significa? Más simulación. Más discursos vacíos. Más sumisión al poder central. Una marioneta con peinado de activista y guión de Palacio. Dice que tiene “tablas políticas”. Pues cuidado, porque cuando un político te presume sus tablas, es porque te va a tablear. Literal. Lo que esta señora debería hacer no es lanzarse a la gubernatura. Lo que debería hacer es irse a hacer servicio social al asilo del DIF estatal y ahí quedarse, a ver si recupera la sensibilidad que algún día, en alguna parte de su carrera, tuvo. Sinaloa necesita gobernantes con convicciones, no con ambiciones. Con memoria, no con doble discurso. Con dignidad, no con ganas de encuestarse para ver si les alcanza para el próximo hueso. Que Dios nos libre. Porque estos morenistas chapulines salieron más cabrones que bonitos. Y en este circo político, todos parecen estar cortados con la misma tijera… y lo peor es que ni siquiera la afilan…

Ochoa del Toro: renuncia “decorosa”, fracaso evidente. Adriana Margarita Ochoa del Toro salió del gabinete Rochista envuelta en la clásica fórmula: “renuncia estrictamente de índole personal”. Traducción: la echaron porque no servía para nada. Como titular de Comunicación Social, nunca fue más que un adorno caro. Se convirtió en una pieza inútil que dejó a Rocha Moya expuesto al escarnio público, a la crítica feroz y a los ataques de la oposición. La violencia arrasando a Sinaloa, el gobernador en caída libre en percepción pública, y ella: “nadando de muertito”. Nunca supo construir una narrativa, ni contrarrestar la percepción negativa. Jamás articuló un plan de comunicación serio frente a los sectores sociales y políticos que le cobran a Rocha Moya cada error con intereses. La consecuencia: un gobernador sin blindaje mediático, vulnerable, y con una imagen que cada vez pesa más que un costal de cemento mojado. La realidad es simple: Adriana Margarita, no dio resultados, se convirtió en un lastre y terminó siendo un lujo innecesario en un gabinete lleno de medianías. Si la percepción ciudadana del gobernador es por demás que mala, gran parte de la culpa está en quien nunca supo protegerlo de un linchamiento social que a estas alturas ya es deporte local. La salida de Adriana Margarita no nos sorprende en lo absoluto. Lo sorprendente es que haya durado tanto en el cargo sin haber hecho nada. Ahora, Adriana Margarita, pasará al archivo muerto de la política sinaloense, como ejemplo de lo que nunca debe ser una oficina de Comunicación Social: un cascarón vacío. Porque al final, la renuncia “decorosa” solo maquilla lo que todos saben: la corrieron por ineficiente…

Sacudida de utilería en el gabinete Rochista. Sacudieron el gabinete del todavía gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya y salieron siete funcionarios. ¿Sería una reestructuración? Para nada. Lo único que hicieron, fue jugar a la silla musical: los mismos de siempre, reciclados en otros cargos, como si con cambiarlos de oficina y de membrete, se resolviera la ineficiencia. Las preguntas obligadas saltan por sí solas: ¿Será que en la recta final del gobierno Rochista toca apretarse el cinturón? ¿O más bien llegó la hora de pagar las facturas políticas a quienes lo llevaron a la gubernatura? ¿O estamos viendo los primeros movimientos de una operación quirúrgica de salida del propio mandatario? La verdad, es que no lo sabemos a ciencia cierta… pero lo que sí nos queda por demás que claro, es que estos cambios no tienen nada de trascendentales. Mismos nombres, mismos vicios, mismos resultados mediocres. En pocas palabras: una sacudida de utilería para aparentar movimiento, cuando en realidad todo sigue igual de estancado y sigue de mal en peor…

Seguridad de papel, violencia de sobra. El personal del Hospital General de Culiacán, salió a protestar exigiendo garantías de seguridad ante la ola de violencia. Lo mismo hicieron los maestros de Villa Juárez, Navolato. La consigna es por demás clara: ya no se aguanta la ola de violencia ni en los hospitales ni en las escuelas. Pero lo curioso es que nadie de los agricultores se ha quejado de la sequía “culpable de todo”, según la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Aquí la bronca en Sinaloa no es el agua, es la sangre derramada por la violencia y el abandono del gobierno. Y como si fuera burla, apareció en la tierra del miedo, Lord Molécula (Carlos Pozos el aplaudidor de la 4T) para declarar en la mañanera del pueblo, que en Sinaloa “todo estaba en calma”. Acto seguido, la presidenta lo secundó diciendo: “la violencia va a la baja”. Vaya descaro: el país incendiado y ellos con sus otros datos de caricatura. La pregunta es por demás que inevitable: ¿Para cuándo asumirá el gobierno su papel real de proteger a la ciudadanía de los grupos delictivos? Porque hasta ahora, lo único que han protegido es la narrativa oficial y sus estadísticas maquilladas. Pobre México: tan lejos de la paz y tan cerca de la simulación…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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