Por Javier Zapata.
La imagen es ya demasiado conocida, conductores que pagan en la bomba y reciben menos combustible del que les marca la factura, estaciones clausuradas que reaparecen con el mismo nombre y diferente razón social, redes que trafican millones de litros fuera de los circuitos legales. En Tepic, como en muchas otras ciudades del país, el huachicol y la venta de litros incompletos no son episodios aislados sino síntomas de un problema sistémico que erosiona el bolsillo de las familias, los ingresos fiscales y la confianza en las instituciones.
Detrás de esta realidad está el combustible más corrosivo de todos: la corrupción. Sin funcionarios que miran a otro lado, sin inspectores que cobran por “dejar pasar” y sin autoridades que simulan clausuras para después reabrir negocios bajo otra razón social, la cadena de fraudes sería mucho más difícil de sostener. La corrupción, silenciosa y cotidiana, es la que permite que el robo de combustible y los litros incompletos se normalicen en la vida diaria de Tepic.
El huachicol dejó de ser un delito marginal para convertirse en una actividad empresarial criminal que involucra a empresarios, políticos y servidores públicos. Las estaciones reincidentes son prueba de la tolerancia oficial: se cierran con sellos, se anuncian con bombo y platillo las clausuras, pero semanas después vuelven a despachar con el mismo patrón de fraude. Eso no sería posible sin redes de complicidad bien engrasadas.
Si el consumidor siempre paga las consecuencias —combustible adulterado, litros incompletos, precios inflados—, la pregunta inevitable es: ¿quién protege a quién? Porque mientras la ciudadanía enfrenta el abuso, los responsables rara vez enfrentan cárcel, y las multas se vuelven parte del costo de seguir robando.
Combatir este problema exige algo más que operativos mediáticos:
• Verificación permanente y tecnológica que no pueda ser burlada.
• Sanciones ejemplares y definitivas, no clausuras temporales.
• Canales de denuncia accesibles y públicos para que la voz ciudadana pese.
• Investigación financiera real que desmantele las cadenas de corrupción detrás de cada gasolinera tramposa.
El huachicol y los litros incompletos no solo son un fraude al consumidor: son una traición al contrato social y una muestra de cómo la corrupción sigue alimentando la impunidad. Cada gota robada es un peso menos para la ciudad y un recordatorio de que sin vigilancia ciudadana y sanción efectiva, Tepic seguirá pagando más por recibir menos.
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