Por Armando Javier Garcia:
En política, las estrategias cambian de nombre, pero no desaparecen. Una de las más viejas y peligrosas es usar recursos económicos, directos o disfrazados, para mantener redes de difusión destinadas no a informar, sino a blindar y aplaudir al gobierno.
Lo hemos visto antes y lo seguimos mirando: comités territoriales que se presentan como simpatizantes “espontáneos”, pero en realidad funcionan como granjas de bots y ejércitos digitales coordinados para imponer narrativas tendenciosas.
La lógica es simple y brutal: convertir los programas sociales en herramientas de control político.
Eso no es gobernar, eso es manipular con un solo fin: perpetuarse en el poder.
Durante el sexenio de Peña Nieto, los llamados “Peñabots” (2012–2018) fueron documentados por Signa_Lab ITESO, que reveló cómo se coordinaban para amplificar mensajes oficiales y hostigar a críticos.
A nivel global, el escándalo de Cambridge Analytica (2018) mostró cómo la manipulación digital se ha convertido en un arma política: segmentar ciudadanos, moldear opinión y manipular emociones.
Hoy, Morena impulsa entre 70 y 75 mil comités territoriales. Según, Luisa María Alcalde, estos comités contarán con sus propias redes para “contrarrestar narrativas opositoras” y “difundir lo que para ellos es verdad absoluta”.
El problema es que esas redes no surgen de la ciudadanía libre, sino de dinero público y de la presión velada: “si no muestras lealtad, pierdes tu programa social”. En ese punto, la democracia se degrada en vasallaje.
La inflación, la inseguridad y los problemas estructurales del país siguen ahí. Pero el gobierno prefiere dividir, manipular emociones y fabricar fieles seguidores en lugar de atender la realidad.
La estrategia no es nueva. Lo nuevo y lo peligroso es el resultado: un país más dividido, una sociedad más manipulada y millones de pesos públicos desviados para fabricar tendencias digitales en lugar de resolver los problemas reales.
tu programa social”. En ese punto, la democracia se degrada en vasallaje.
La inflación, la inseguridad y los problemas estructurales del país siguen ahí. Pero el gobierno prefiere dividir, manipular emociones y fabricar fieles seguidores en lugar de atender la realidad.
La estrategia no es nueva. Lo nuevo y lo peligroso es el resultado: un país más dividido, una sociedad más manipulada y millones de pesos públicos desviados para fabricar tendencias digitales en lugar de resolver los problemas reales.
En materia de estrategia política hay prácticas que, aunque cambien de nombre, nunca desaparecen.
¿Hasta cuándo aceptaremos que se inviertan millones en moldear lo que pensamos mientras se ignora lo que sufrimos? Al final, para quienes se aferran al poder, gobernar significa solo una cosa: quedarse ahí para siempre.
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