Por Carlos Avendaño.
IMSS Bienestar cierra hospital en Guamúchil: salud al último. La infame y atropellada decisión de cerrar el hospital del IMSS Bienestar en Guamúchil, cayó como una bomba sobre la región del Évora. De la noche a la mañana, miles de ciudadanos de Salvador Alvarado, de Angostura y de Mocorito se quedaron sin la atención médica que, aunque limitada, todavía les servía de salvavidas. El delegado del IMSS Bienestar en Sinaloa, Dr. Julio César Quintero Ledezma, confirmó lo inevitable: las puertas se cerraron. Pero lo que no explicó -porque tal vez incomoda- es por qué nunca se previó una alternativa digna, un plan provisional, un espacio habilitado para urgencias. Nada. Simplemente, el portazo en la cara a los pacientes más pobres. Porque aquí la salud no fue prioridad, los planes de escritorio sí. Y si el hospital tenía deficiencias, la pregunta es obvia: ¿Quién construyó la obra? ¿Quién la supervisó? ¿Quién se embolsó el presupuesto? La corrupción se disfraza de “mantenimiento” y los ciudadanos pagan con su vida la factura. Hoy, cientos de familias de escasos recursos quedarán a la deriva. En una emergencia, no hay ambulancia que alcance, no hay clínica cercana que aguante, no hay paciencia que valga. El derecho a la salud se volvió un viacrucis, y el viacrucis, política pública. Mientras tanto, médicos, enfermeros y trabajadores administrativos no saben si serán reubicados o simplemente desechados como material de curación vencido. Nadie sabe dónde estará el nuevo hospital, pero lo que sí es seguro es que la improvisación y el desprecio por la gente ya encontraron su cama de hospital… con el letrero de “fuera de servicio”. La 4T prometió salud como en Dinamarca, pero en Guamúchil apenas vamos rumbo a la prehistoria médica: ciudadanos con enfermedades graves obligados a peregrinar como si la atención fuese un privilegio y no un derecho. La moraleja es clara: en este país, primero cierran los hospitales y después -si sobra tiempo- se acuerdan de los enfermos. Pero la omisión no termina en el IMSS. ¿Dónde están los defensores del pueblo? Silencio sepulcral de la presidenta municipal Guadalupe López González, del diputado local Ambrosio Chávez Chávez, del diputado federal Fernando García, de la senadora Imelda Castro Castro, del senador Enrique Inzunza Cázarez y de la senadora Paloma Sánchez Ramos. Todos brillan por su ausencia. Tal vez guardan sus discursos para las campañas. Mientras tanto, los enfermos esperan… aunque nadie sabe dónde. Guamúchil ya no tiene hospital, pero sí tiene funcionarios de sobra para cortar listones y repartir culpas. La salud quedó clausurada. La empatía también. ¿A dónde vamos a parar?, preguntaría el Buki. La respuesta es amarga: a ningún lado. Porque en este país, cierran hospitales como si fueran cantinas…
“Informe con café y porras, pero sin respuestas”. La flamante diputada federal Graciela Domínguez Nava, eligió el bello puerto de Mazatlán para rendir su extenso “informe” legislativo. Pero como en política siempre hay un “pero”, el todavía gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, llegó, tomó el micrófono y con un discurso lleno de elogios y palmaditas, opacó el evento de su propia ahijada política. Fue un acto de cobijo. Rocha Moya no escatimó en porras para la tía Chela: que si su incansable trabajo legislativo, que si su compromiso con la Cuarta Transformación, que si “llevar la voz del pueblo” al Congreso de la Unión. Pero todo, bien medido, en clave morenista y con el guión oficial en mano. Claro que hay que decirlo: hoy, con los recursos centralizados en la 4T, no hay milagros que valgan. Si una obra no está en el plano federal, no existe. Ni el gobierno estatal puede inventarse un presupuesto, y mucho menos, en los municipios de Sinaloa que siguen hundidos en la miseria. Este extenso “informe” no fue en una colonia popular ni en un barrio de Mazatlán. No mis lectores, fue en un salón de eventos del Hotel El Cid. Y aunque la voz del pueblo se mencionó varias veces, el pueblo estuvo representado por un Coffee Break y bocadillos mexicanos para todos los invitados VIP. Pero ojo, esto no es exclusivo de Graciela Domínguez Nava. Pronto veremos a otros legisladores sinaloenses desfilando con informes, sonrisas de campaña adelantada y el mismo guión: cuántas veces se subieron a la tribuna, cuántos discursos dieron, y poca o nula respuesta a lo que realmente importa. Por eso las preguntas obligadas son: ¿Cuál fue su postura frente a la ola de violencia que asfixia a Sinaloa? ¿Qué hicieron ante la caída económica de un estado que parecía florecer? ¿Qué resultados concretos entregaron más allá de las fotos y de las promesas? Y ya que estamos en esto, pongamos los nombres sobre la mesa: Paloma Sánchez Ramos (PRI), Ricardo Madrid Pérez (PVEM) y Mario Zamora Gastélum (PRI). Que también nos digan qué trajeron para Sinaloa… y no, no vale responder con discursos y selfies. Porque al final, entre porras, discursos y bocadillos, lo que sigue quedando claro es que los informes políticos en Sinaloa se han vuelto eventos sociales con sabor a precampaña…
Culiacán: entre balazos, banquetas y tianguis. El ambulantaje inunda la capital sinaloense: la economía formal se desploma mientras la violencia expulsa a miles de trabajadores hacia la informalidad. Culiacán ya no es la tierra prometida, es la tierra improvisada. Donde antes había comercios formales, ahora hay puestos en las banquetas y en los tianguis, mismos que parecen multiplicarse más rápido que la Guardia Nacional. Los números son por demás que de espanto: más de 2 mil negocios formales menos en la capital, 8 mil despidos en lo que va del 2025, y una violencia que ni con batallones extra logra frenar. Mientras tanto, los culiacanenses hacen malabares entre la sobrevivencia y la incertidumbre, como si vivieran en un eterno “tianguis del desastre”. La ecuación es por demás simple: los negocios cierran, los trabajadores son despedidos, los ambulantes proliferan, y la autoridad, está bien gracias. Los soldados patrullan, pero los asaltos, las extorsiones y las ejecuciones siguen marcando el ritmo de la ciudad. Culiacán está tan al borde del colapso que ya ni el Chapulín Colorado podría salvarlos, porque aquí el verdadero lema parece ser: “Síganme los buenos, pero para el tianguis a ver que vemos”…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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