Por Francisco Javier Zapata Perez.
En los rincones donde la pobreza, la inseguridad y el abandono se han normalizado, el reclamo de la sociedad no encuentra eco. Encuentra obstáculos. Mientras miles de personas exigen atención a violaciones sistemáticas de sus derechos desde la falta de medicamentos hasta la desaparición de familiares las autoridades responden con indiferencia, papeleo burocratico o completo silencio.
La maquinaria gubernamental, lejos de actuar como garante de los derechos humanos, parece funcionar como un sistema que administra el descontento para evitar el conflicto, no para resolverlo. Escuchar sin atender, abrir carpetas sin investigar, enviar oficios sin respuestas… todo forma parte de una política que prioriza la contención sobre la justicia.
“Nos piden paciencia mientras el tiempo nos destruye”, dice Irma, madre buscadora en el norte del estado. “Aquí el gobierno solo aparece cuando protestamos, y no para ayudarnos, sino para callarnos.”
El fenómeno no es nuevo, pero se profundiza. La ausencia del Estado no siempre se manifiesta como vacío total, sino como una presencia simulada: oficinas que existen pero no operan, promesas que se repiten sin cumplir, funcionarios que simulan cuando solo actúan ante la presión mediática.
Organismos defensores han advertido que esta forma de omisión encubierta es también una forma de violencia institucional. Al no garantizar los derechos mínimos como salud, seguridad o acceso a la justicia se revictimiza a quienes ya han sido golpeados por la desigualdad o la violencia.
Mientras tanto, la sociedad resiste. Las familias se organizan. Las comunidades buscan soluciones por su cuenta. El reclamo no desaparece. Lo intentan apagar, pero sigue ardiendo.
Porque donde el gobierno no está, la dignidad de las personas sigue exigiendo presencia.
Por un Estado ausente, sordo y ciego.
Y demasiado ocupado creando publidad vacia callando voces para no escuchar el dolor.
Pero la dignidad no se extingue.
Porque donde el gobierno se borra, la gente escribe su propia verdad a gritos.
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