EL FARO.


Por Valentin Perez.


No hay duda, siempre es importante analizar y saber darle dimensión a nuestras palabras y pronunciamientos sobre todo en política para acabar con el síndrome Chachalaca, calificativo que le endoso Vicente Fox a Lopez Obrador por su propensión a hablar como loro.


Lo anterior viene a colación pues recientemente Claudia Sheinbaum declaró, esta grabado y en medios, que se veía la posibilidad de quitar la autonomía a las Fiscalias estatales y a la misma General de la República a que sus esquemas no responden a su desempeño.


Ahora resulta que si lo dijo pero no lo dijo y el fin de semana señaló que terminada la Reforma Judicial se debe transitar a un debate para mejorar en general su desempeño al margen de su autonomía. La figura se planteo para que no hubiera «uso politico» de las mismas.


Más allá, asegura que aunque se termine el modelo actual, su gobierno no tendrá influencia en las decisiones de la FGR.
Que curioso porque siempre que hay tema desde la administración anterior Gertz Manero esta en Palacio Nacional para informar lo que le ordenan.


Todo esta muy bien desordenado pero ya es momento de que tras la destrucción de la Suprema Corte se deje de lado la reformitis aguda para atender el verdadero problema de la procuración de Justicia en México que tiene su raíz muy podrida en la figura del Ministerio Público que es el origen de muchos males de la sociedad como la corrupción que se eslabona en las fiscalias.


El gran negocio está ahí y deja muchos miles de millones de pesos, pero sobre todo dolor, rabia e injusticias en todo aquel que tiene la mala suerte de caer en sus garras.


México merece otra suerte por lo que es necesario echar mano de los académicos del Derecho y los expertos en la materia para enderezar esa parte vital en la vida de la nación. Algún día el ex procurador General de Justicia Ignacio Morales Lechuga hizo un reclamo sutil pero contundente a sus subalternos al decirles que era tiempo que se quitaran la liga del pantalón, en alusión a los aboneros de cierta época que se ponían ligas en los tobillos para no ensuciarse con la cadena.


El que entendió bien.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario