Sin Redundar

Por Carlos Avendaño.

IMSS Bienestar… pero malestar para todos. Cinco años después del primer deceso por Covid-19 en nuestro querido país México, y de aquella cuarentena que nos puso a cantar desde las azoteas, el sistema de salud nacional no sólo no mejoró… está de lo peor. Lo dice la UNAM, no la oposición. Lo confirma Samuel Ponce de León, coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIREE): el sistema sigue en terapia intensiva, sin signos de recuperación y sin paracetamol. Y mientras la 4T prometía un sistema de salud “como en Dinamarca”, lo que tenemos es un Frankenstein institucional llamado IMSS-Bienestar, que ni es bienestar ni es solución. En los hospitales hay de todo, menos medicamentos, insumos, personal suficiente o respeto a la inteligencia de los pacientes. Tanto así que la diputada del PT, Margarita García -sí estimado lector, del partido aliado del gobierno- ya pidió la renuncia del director del IMSS-Bienestar, Alejandro Svarch Pérez, por incompetencia, desabasto y por convertir la salud en un bingo de ocurrencias. Pero lo más preocupante es que no solo lo denuncian los expertos ni los legisladores: también lo gritan los médicos, las enfermeras y todo el personal de salud que ha tenido que salir hasta las calles para protestar, como si exigir jeringas y guantes fuera una insurrección armada. Por enésima ocasión, la calle se convierte en la sala de espera de todos los que ya se encuentran más que hartos. Y mientras tanto, los responsables del sector salud, siguen justificando lo injustificable. Que si el INSABI murió, que si el IMSS-Bienestar apenas arranca, que si la culpa es del pasado neoliberal, del imperialismo farmacéutico o de los Reyes Magos. Pero nadie da la cara por los pacientes que mueren esperando una pastilla o por una consulta. El país no tiene sistema de salud, tiene un sistema de simulación. Nos vendieron un modelo nórdico y nos entregaron un remedio casero mal hecho, sin receta, sin doctor y con fecha de caducidad vencida. Y mientras el gobierno en turno al igual que el del pasado presume sus logros, la salud pública se encuentra en coma y sin camas disponibles…

La rifa del avión, que terminó despegando con el dinero. Al parecer, todos los mexicanos tenemos memoria selectiva. Que no se acuerdan del afamado “¡me canso ganso!”, pero se nos olvida que nos volaron 1,823 millones de pesos en una rifa sin premio, sin avión, sin hospitales y sin vergüenza. La famosa rifa del avión presidencial, fue el show más ridículo del sexenio lopezobradorista. Un espectáculo de pirotecnia populista en donde nos vendieron cachitos, promesas, ilusiones, y al final, ni avión rifado, ni dinero aclarado, ni hospitales construidos. ¿Y el pueblo bueno y sabio? Pues aplaudiendo como si hubieran ganado algo más que una burla histórica. Nos dijeron que los recursos servirían para levantar dos hospitales del IMSS-Bienestar con 80 camas cada uno, mismo que estrían ubicados en: Tlapa, Guerrero y Tuxtepec, Oaxaca. Prometieron que estarían listos antes de que el “presidente del pueblo” entregara la banda presidencial. Hoy, esos hospitales existen solo en los discursos. Son como el avión presidencial: invisibles, fantasmas y simbólicos. Lo que sí existe es el agujero negro de 1,823 millones de pesos. Una cifra que se esfumó más rápido que la credibilidad de la Lotería Nacional. Y lo más grave: nadie en el gobierno sabe, contesta ni se responsabiliza. Ni la Lotería, ni Hacienda, ni el INSABI (RIP), ni el IMSS-Bienestar. Todos calladitos, esperando que el olvido sea más eficiente que la Auditoría Superior de la Federación. Lo cierto es que la rifa fue una estafa institucionalizada, un timo de Estado, una tragicomedia con olor a fraude. Pero como el presidente lo narró con pasión y cachitos en mano, muchos le aplaudieron. Y ahora que se acabó el sexenio, se acabó también el interés por saber dónde diablos quedó el dinero. Y mientras nadie rinde cuentas, los hospitales siguen siendo promesas de papel, igual que los boletos que no ganaron nada. Pero eso sí, nos enseñaron que en México puedes rifar un avión que no se entrega, gastar millones que desaparecen y salir impune, si tienes suficiente popularidad. Qué risa con la rifa…

La austeridad es un cuento… que se cuenta desde un penthouse. Mientras a México lo ahoga la inflación, el desabasto y los hospitales vacíos, la élite de la 4T vive su propia transformación inmobiliaria: de predicar la pobreza franciscana a coleccionar departamentos de 14 millones, joyas, arte fino y donaciones mágicas que harían sonrojar al mismísimo Santa Claus. Ahí está el general Ricardo Trevilla, flamante secretario de Defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que reporta una “donación” de más de 7 millones de pesos como quien anota un regalo de cumpleaños. ¿De quién? ¿Por qué? ¿A cambio de qué? Nadie sabe, nadie supo. Transparencia estilo 4T: declara, pero no expliques. A lo anterior, súmenle a Mario Delgado, líder de MORENA flamante secretario de Educación, porque claro, ¿Quién mejor para hablar de valores que alguien con patrimonio de colección?, y Raquel Buenrostro, la zarina del SAT, acumulando propiedades que harían llorar a cualquier contribuyente. Y, por si fuera poco, aparece Jabnely Maldonado, alta funcionaria que también se trepa a la fiebre inmobiliaria con su propio departamento lujoso. Todo esto mientras se recita, en tono casi litúrgico, el discurso de la austeridad. ¿Austeridad? No, hombre. Esto es “opulencia con narrativa”. La nueva clase gobernante predica el hambre, pero cena caviar. Nos pide apretarnos el cinturón mientras los morenistas se ajustan el Rolex. Es el nuevo evangelio del poder: haz lo que digo, pero no te asomes a mi declaración patrimonial. La 4T no eliminó la corrupción: la mudó a un mejor vecindario…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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