Zapata
Por Javier Zapata.
Los informes de gobierno tienen dos dimensiones. La primera es la política, donde se presentan logros, cifras y narrativas que buscan fortalecer la confianza ciudadana. La segunda es la realidad cotidiana que viven millones de mexicanos fuera de los escenarios, los discursos y las plazas públicas.
El Segundo Informe de Rendición de Cuentas de la presidenta Claudia Sheinbaum confirma que el proyecto político de la llamada Cuarta Transformación mantiene una enorme capacidad de movilización y una narrativa sólida basada en tres pilares: soberanía nacional, continuidad del movimiento y fortalecimiento de los programas sociales.
Sin embargo, también deja claro que el gobierno federal enfrenta la que probablemente sea su prueba más importante: convertir el respaldo político en resultados tangibles para una población que exige seguridad, justicia, salud y oportunidades económicas.

La presidenta dedicó buena parte de su mensaje a defender la soberanía nacional frente a presiones externas. El mensaje fue contundente: México es un país libre, independiente y no acepta injerencias extranjeras.
Como principio constitucional, nadie podría estar en desacuerdo.
La soberanía es una conquista histórica que debe defenderse permanentemente.
Pero también es necesario entender que la soberanía no solamente se ejerce frente a otros países. La soberanía también se fortalece cuando el Estado tiene control efectivo de su territorio, cuando los ciudadanos pueden transitar libremente por carreteras y comunidades, cuando los empresarios pueden invertir sin ser víctimas de extorsión y cuando las familias viven sin miedo.
La verdadera soberanía comienza cuando la ley es más fuerte que cualquier grupo criminal.
Ese es precisamente el principal desafío que enfrenta México.
Durante años se intentó minimizar el crecimiento de las organizaciones criminales. Se habló de causas sociales, de pobreza, de desigualdad y de abandono institucional. Todo ello es cierto y debe atenderse.
Pero también es cierto que los grupos criminales evolucionaron.
Hoy ya no estamos frente a simples estructuras dedicadas al narcotráfico.
Controlan territorios.
Cobran cuotas.
Imponen reglas.
Desplazan comunidades.
Intervienen procesos económicos.
Corrompen instituciones.
Y en algunas regiones disputan de facto funciones que corresponden exclusivamente al Estado.
“Negar esta realidad, no ayuda a resolverla”.
Por ello, uno de los grandes pendientes del informe es una explicación más profunda sobre cómo se recuperará el control pleno del territorio nacional en aquellas regiones donde la violencia sigue marcando la vida diaria de miles de familias.
La gente no mide la seguridad mediante gráficas.
La mide cuando puede salir de noche sin temor.
Cuando sus hijos regresan seguros a casa.
Cuando puede abrir un negocio sin pagar extorsiones.
Cuando puede denunciar sin miedo a represalias.
Cuando confía en sus autoridades.
Esa sigue siendo la verdadera evaluación ciudadana.
Otro aspecto relevante del informe es el combate a la corrupción.
El gobierno presume investigaciones, detenciones y acciones de fiscalización. Sin embargo, la exigencia social actual ya no se conforma con discursos anticorrupción.
Los ciudadanos demandan consecuencias.
Quieren ver procesos transparentes.
Quieren conocer nombres.
Quieren sentencias.
Quieren recuperación de recursos públicos.
Y sobre todo quieren comprobar que la ley se aplica sin importar colores partidistas, posiciones políticas o niveles de poder.
La impunidad sigue siendo una de las principales amenazas para la credibilidad institucional. Porque cuando la corrupción no se castiga, se convierte en un incentivo para repetirla.
En materia económica, el informe proyecta estabilidad y confianza.
Sin embargo, el ciudadano común sigue enfrentando desafíos diarios.
Los precios continúan presionando el gasto familiar.
Las pequeñas empresas enfrentan incertidumbre.
Los jóvenes buscan oportunidades laborales.
Y millones de trabajadores observan con preocupación un contexto económico internacional cada vez más complejo.
La estabilidad macroeconómica es importante.
Pero para las familias mexicanas lo verdaderamente importante es que el dinero alcance para vivir con dignidad.
También merece atención especial el sistema de salud.
La construcción de hospitales es positiva.
La adquisición de equipamiento es necesaria.
Pero ninguna infraestructura funciona sin médicos suficientes, enfermeras bien remuneradas, especialistas capacitados, medicamentos disponibles y condiciones laborales adecuadas para quienes sostienen diariamente el sistema.
México necesita hospitales completos, no solamente edificios.
Necesita personal fortalecido, no personal agotado.
Necesita resultados visibles para los pacientes.
No obstante estas observaciones, sería un error ignorar las fortalezas políticas que mostró el informe.
Porque el respaldo ciudadano no es un cheque en blanco.
Es un mandato para resolver problemas.
La historia política mexicana demuestra que los gobiernos no son recordados por la calidad de sus discursos.
Son recordados por los resultados que entregan.
Hoy México se encuentra en una etapa decisiva.
La ciudadanía espera respuestas concretas frente a la inseguridad.
Las madres buscadoras esperan justicia.
Los trabajadores esperan mejores condiciones.
Los empresarios esperan certeza.
Los jóvenes esperan oportunidades.
Y las víctimas esperan que el Estado nunca más les dé la espalda.
El Segundo Informe de Rendición de Cuentas fortalece la narrativa política del gobierno federal.
Pero también marca el inicio de una etapa donde las expectativas ciudadanas serán cada vez más exigentes.
La pregunta ya no es si existe respaldo político suficiente para transformar al país.
La pregunta es; si ese respaldo será suficiente para devolver la tranquilidad, la justicia y la confianza que millones de mexicanos siguen esperando.
Porque al final, más allá de los discursos y las plazas llenas, la verdadera rendición de cuentas ocurre todos los días en las calles de México.
Y ahí, la realidad siempre tiene la última palabra.
Correo: zapata.nayarit@gmail.com

