Por Armando J. García.
Paola Onzaga interviene en foro internacional en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid
En un escenario académico internacional de alto nivel, la abogada colombiana Paola Andrea Onzaga Franco llevó una de las intervenciones más contundentes del Foro Internacional por la Amnistía 2026, realizado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, donde abordó la situación de Cuba desde una perspectiva jurídica, política y de derechos humanos.

Invitada por esta institución, Onzaga —magíster en Derechos Humanos, ex asesora de la Dirección de Justicia Transicional del Ministerio de Justicia de Colombia, docente universitaria y presidenta de la Fundación Mujeres Exitosas Latam— centró su disertación en un punto clave que marcó el tono del debate:
“La amnistía en Cuba no es un gesto político: es una urgencia humanitaria frente a una dictadura que ha convertido el disenso en delito.”
Durante su intervención, la jurista advirtió que el concepto de amnistía no puede ser reducido a un simple acto jurídico, sino que debe entenderse como una respuesta inmediata frente a la privación de la libertad de ciudadanos por ejercer derechos fundamentales.
“Estamos hablando de personas, de familias, de voces silenciadas, de ciudadanos encarcelados por expresarse, disentir o reclamar libertad”, señaló, haciendo énfasis en la dimensión humana del problema.
Onzaga fue clara en marcar un límite fundamental desde el derecho internacional: la amnistía no puede confundirse con impunidad ni sustituir procesos de transformación democrática. En su análisis, retomó estándares del Sistema Interamericano de Derechos Humanos para sostener que cualquier proceso de amnistía debe excluir violaciones graves y estar orientado a garantizar la no repetición.
En este contexto, introdujo la experiencia colombiana en justicia transicional como un referente técnico, pero no como un modelo trasladable mecánicamente. Recordó que el Acuerdo de Paz de 2016 permitió amnistías limitadas a delitos políticos, bajo un esquema que busca equilibrar verdad, justicia y reparación.
“Colombia demuestra que la amnistía puede ser un instrumento legítimo, pero solo cuando está integrada dentro de una arquitectura institucional que proteja a las víctimas”, explicó.
Sin embargo, la intervención no se limitó al caso cubano. En un giro que generó atención entre los asistentes, Onzaga planteó que Cuba no es un hecho aislado, sino una advertencia para América Latina sobre los procesos de deterioro democrático.
“El autoritarismo contemporáneo no siempre irrumpe; se instala. Primero seduce, luego divide y finalmente se queda”, afirmó.
En esa línea, hizo referencia a la crisis venezolana como ejemplo de cómo una democracia puede degradarse desde dentro, y alertó sobre los riesgos que enfrentan países que aún conservan sistemas democráticos.
Particularmente, llamó la atención sobre el caso colombiano, señalando que, aunque formalmente se reconoce como una democracia, presenta señales de deterioro institucional que no deben ser ignoradas. Citó cifras recientes sobre violencia, incluyendo masacres y ataques armados, como evidencia de fragilidad en la consolidación de la paz.
“La violencia no es solo un problema de seguridad; es un síntoma de debilitamiento institucional”, sostuvo.
Asimismo, abordó temas sensibles como el ejercicio de la protesta, la tensión entre derechos fundamentales y el riesgo de normalizar prácticas que terminan degradando la democracia.
En uno de los momentos más contundentes de su intervención, Onzaga afirmó:
“Cuando el ejercicio de un derecho impide salvar una vida, no estamos ampliando libertades; estamos degradándolas.”
El discurso también incluyó una reflexión sobre la justicia social, diferenciando entre equidad y dependencia, y cuestionando modelos políticos que, en lugar de generar autonomía, perpetúan condiciones de vulnerabilidad.
Finalmente, destacó el papel de las mujeres en la defensa de la democracia, recordando que en países como Colombia representan la mayoría del censo electoral, lo que las convierte en una fuerza decisiva en la construcción del futuro político.
Su intervención cerró con una frase que resonó entre los asistentes y sintetizó el mensaje central de su disertación:
“La amnistía puede abrir la puerta de una prisión, pero solo la democracia puede garantizar que nadie vuelva a ser encarcelado por pensar distinto.”
Y concluyó con una advertencia que trasciende el caso cubano:
“El verdadero riesgo de nuestro tiempo, en aquellos países que aún conservan una democracia, no es perderla de un día para otro… es acostumbrarnos a perderla sin darnos cuenta.”
Con esta intervención, Paola Onzaga se posiciona como una voz latinoamericana relevante en el debate internacional sobre derechos humanos, democracia y justicia transicional, aportando una mirada crítica, técnica y profundamente política en uno de los escenarios académicos más influyentes de Europa.

