Por Ricardo Reyes.
La violencia familiar en México continúa consolidándose como uno de los delitos más persistentes y alarmantes del país. Durante el primer trimestre de 2026 (enero, febrero y marzo), los registros oficiales apuntan a una tendencia sostenida al alza, con cifras que se mantienen en niveles históricamente elevados.
De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), este delito ha mostrado un comportamiento creciente desde años anteriores, alcanzando ya decenas de miles de carpetas de investigación cada mes. Tan solo como referencia de esta tendencia, en años recientes se reportaban más de 20 mil casos mensuales, con incrementos progresivos entre enero, febrero y marzo .
Para 2026, aunque la autoridad ha implementado ajustes metodológicos en el registro de delitos, los reportes preliminares confirman que la violencia dentro del núcleo familiar no ha cedido, y por el contrario, se mantiene como uno de los ilícitos con mayor incidencia a nivel nacional .
Especialistas advierten que la violencia familiar no solo persiste, sino que se ha normalizado en amplios sectores de la población. Este tipo de agresión incluye violencia física, psicológica, sexual y económica, y ocurre principalmente dentro del hogar, un espacio que debería ser seguro.
Datos recientes indican que la vivienda es el escenario de la gran mayoría de las agresiones, especialmente en casos que involucran a niñas, niños y adolescentes, donde incluso familiares directos —padres, madres o parejas— figuran como los principales agresores .
El fenómeno está estrechamente ligado a la violencia de género. En paralelo, México sigue registrando delitos como feminicidio y agresiones contra mujeres, lo que evidencia que la violencia familiar es, en muchos casos, la antesala de crímenes mayores.
Por ejemplo, en enero de 2026 se contabilizaron 54 feminicidios en el país, reflejando que la violencia contra las mujeres continúa siendo un problema estructural .
A pesar de las cifras oficiales, expertos coinciden en que existe un alto nivel de subregistro, ya que muchas víctimas no denuncian por miedo, dependencia económica o desconfianza en las autoridades. Esto sugiere que la magnitud real del problema podría ser aún mayor.
Mientras algunos delitos de alto impacto han mostrado reducciones en 2026, la violencia familiar se mantiene como una crisis silenciosa que crece dentro de los hogares mexicanos, lejos de los reflectores pero con profundas consecuencias sociales.
La falta de políticas públicas eficaces, así como la limitada atención integral a víctimas, continúan siendo obstáculos para frenar un fenómeno que, lejos de disminuir, se arraiga cada vez más en la vida cotidiana del país.

