Ciudad de México (RRC): Las remesas enviadas por los migrantes mexicanos continúan mostrando signos de agotamiento. En febrero de 2026, México recibió 4,468 millones de dólares por este concepto, según datos preliminares del Banco de México (Banxico). Esta cifra refleja la tendencia a la baja que se ha consolidado en los últimos meses, tras la fuerte desaceleración observada durante 2025.
La cifra de febrero se compara con los 4,594 millones de dólares registrados en enero de 2026 (una caída mensual) y con los montos más altos de años anteriores. En 2025, las remesas totales cerraron en alrededor de 61,791 millones de dólares, lo que representó una contracción anual de 4.6% respecto a los 64,746 millones de dólares de 2024 —la primera caída anual después de más de una década de incrementos consecutivos.
Banxico también reportó una disminución interanual en el número de remesas recibidas en febrero, con alrededor de 11.3 millones de operaciones (baja de 3.2% en algunos reportes preliminares). El envío promedio por operación ha mostrado cierta variabilidad, pero el volumen general de transacciones se ha visto afectado por el endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos, principal origen de estos flujos.
Factores como mayores controles, temor a redadas y un posible enfriamiento en el empleo de los migrantes han contribuido a esta desaceleración. Analistas señalan que, aunque las remesas siguen siendo un pilar fundamental para millones de hogares en estados como Michoacán, Guanajuato, Jalisco y Guerrero, su dinamismo se ha moderado notablemente.
Más allá del monto nominal, las remesas pierden poder de compra en México debido a la persistencia inflacionaria. En las primeras semanas de 2026, la inflación general ha mostrado aceleración, alcanzando niveles por encima del 4% anual en algunos periodos recientes (con reportes de 4.63% en la primera quincena de marzo en ciertos indicadores). El Banco de México mantiene la tasa de interés de referencia en 7.00%, reflejando cautela ante presiones en la inflación subyacente, especialmente en servicios y componentes de la canasta básica.
Esto significa que, aunque una familia reciba una cantidad similar o ligeramente menor en dólares, su capacidad real para adquirir alimentos, vivienda, salud y educación se reduce. La depreciación del poder adquisitivo afecta especialmente a los hogares de menores ingresos, donde las remesas representan una parte importante del ingreso familiar y del consumo local.
Expertos de instituciones como BBVA Research y otros analistas proyectan que las remesas en 2026 podrían estabilizarse o mostrar un crecimiento moderado (entre 1.5% y 2.7% en escenarios optimistas), pero con cautela. El entorno de incertidumbre comercial, posibles aranceles y la dinámica del mercado laboral en EE.UU. mantienen un sesgo a la baja.
Para las familias receptoras, el reto es doble: menor flujo de dólares y mayor erosión por precios al alza. Economistas recomiendan diversificar fuentes de ingreso, fortalecer el ahorro y canalizar parte de las remesas hacia inversión productiva (educación, microempresas o vivienda) para reducir la dependencia.
Las remesas siguen siendo el principal ingreso externo para muchas comunidades rurales y urbanas marginadas, superando incluso a algunos rubros de exportación en impacto social. Sin embargo, su desaceleración alerta sobre la necesidad de políticas que fortalezcan el mercado interno y reduzcan la vulnerabilidad externa.
Banxico publicará en las próximas semanas las cifras revisadas y el detalle por entidad federativa, que permitirán dimensionar mejor el impacto regional de esta tendencia.

