Por Carlos Avendaño.
La cumbre contra los cárteles, sin México. En política internacional, a veces lo importante no es quién habla, sino quién no fue invitado. Y esto fue justamente lo que ocurrió en la reunión “Américas contra los Cárteles” celebrada en Miami, en la sede del United States Southern Command. Ahí, Estados Unidos y casi veinte países de América Latina y el Caribe firmaron un acuerdo para reforzar la cooperación contra lo que Washington ya denomina “narcoterrorismo”. La reunión fue encabezada por Pete Hegseth, y se presenta como antesala de la estrategia regional que impulsa Donald Trump bajo el concepto de “Escudo de las Américas”. Hasta ahí, podría parecer un encuentro más de seguridad regional. Pero el detalle que encendió las alarmas es otro. México no estuvo, tampoco Colombia ni Brasil. Es decir, tres de los países más relevantes en la geopolítica del narcotráfico continental. Y mientras tanto, desde Washington se lanzó una advertencia que no pasó desapercibida: Estados Unidos podría actuar militarmente contra los cárteles incluso sin respaldo regional. Una declaración que inevitablemente abre un debate delicado: soberanía, cooperación y presión internacional. Porque cuando una potencia militar habla de actuar “por su cuenta”, el mensaje diplomático suele ser bastante claro. En paralelo, el presidente Donald Trump volvió a lanzar comentarios sarcásticos hacia la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, imitando su tono en un acto público y criticando la estrategia de seguridad mexicana. Más allá del estilo provocador que caracteriza a Donald Trump, el episodio refleja algo más profundo: la relación bilateral en materia de seguridad atraviesa por un momento de tensión política y narrativa. Washington presiona, pero México defiende su soberanía. Y en medio de este pulso diplomático, la pregunta inevitable es: ¿Se trata de una estrategia real de cooperación continental o de una nueva etapa de presión política desde los Estados Unidos? Porque en la política internacional, como en el ajedrez, a veces la jugada más importante no es el movimiento que se hace, sino el lugar en donde deciden dejarte fuera del tablero…
Reforma Electoral: cuando los aliados te bajan el pulgar. En política, perder una votación ya es bastante complicado. Pero perderla con los votos de tus propios aliados, esto ya es una señal política bastante clara. La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue desechada en la Cámara de Diputados en San Lázaro al no alcanzar la mayoría calificada. La numeralia quedó de la siguiente manera: 259 votos a favor, 234 en contra y solo una abstención. Pero el verdadero dato político no está en los números. Está en quiénes votaron en contra. Los partidos, Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, “aliados” tradicionales -ahora enemigos de MORENA- terminaron dándole la espalda a la propia iniciativa. Es decir, la reforma no cayó por la oposición, sino que cayó por fracturas dentro del propio bloque oficialista. Y hay otro detalle que no puede ignorarse. Esta reforma electoral, que fue empujada desde el aparato político por Pablo Gómez Álvarez y Jesús Ramírez Cuevas, prácticamente nació muerta desde su inicio. Porque desde que se presentó, ya arrastraba dudas jurídicas, resistencias internas y, sobre todo, falta de consenso político incluso dentro del propio oficialismo. El resultado terminó confirmando lo que muchos ya anticiparon. La reforma simplemente no tenía los votos suficientes para prosperar. Y cuando los aliados comienzan a marcar su distancia en una votación clave, el mensaje político suele ser más profundo que el simple rechazo de una iniciativa. Quizás puede ser negociación, quizás puede ser presión, o quizás puede ser el primer síntoma de algo más grande: las tensiones naturales que aparecen cuando empieza a acercarse el 2027. Porque en la política mexicana, las coaliciones suelen caminar juntas, hasta que llega el momento de repartir el poder…
“No se desatiende a Sinaloa” dicen desde el gabinete de seguridad. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, aseguró que Sinaloa no está desatendido. Y para respaldar esta afirmación, anunció que el próximo jueves estará en Mazatlán para reunirse con el sector turístico y revisar la estrategia de seguridad en una de las zonas económicas más sensibles del estado. Además, informó que por instrucciones de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se realizará una revisión a los centros de monitoreo del C5 en Culiacán y en Mazatlán, dos ciudades en donde se concentra buena parte de la incidencia delictiva. Hasta ahí, el mensaje institucional parece por demás claro: hay presencia federal y hay estrategia. Aunque también se presentaron cifras. Según Marcela Figueroa Franco, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Sinaloa registra una disminución del 44% en homicidios dolosos. El promedio diario pasó de 6.9 casos en junio de 2025 a 3.86 durante febrero de 2026. Son números que, en el papel, reflejan una reducción importante. La pregunta, sin embargo, es otra. ¿Esta disminución estadística ya se percibe en la vida cotidiana de los sinaloenses? Porque en materia de seguridad pública, las cifras pueden mejorar, pero la percepción social tarda mucho más en cambiar. Y en estados como Sinaloa, en donde la violencia ha marcado la vida económica y social durante los últimos años, la verdadera medición no está solo en los reportes oficiales, está en algo mucho más simple, en que la gente vuelva a sentirse segura para vivir, para trabajar y para poder salir a la calle sin miedo…
¿Alianza opositora en puerta? El dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, Alejandro Moreno Cárdenas, ha vuelto a insistir en la necesidad de construir una gran alianza opositora: PRI-PAN-MC. El llamado ha sido directo hacia los líderes nacionales del Partido Acción Nacional, Jorge Romero Herrera, y de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez. La lógica detrás de esta convocatoria es clara: para la oposición, una coalición amplia podría representar la única vía viable para competir con el avance electoral de MORENA. Sin embargo, hasta ahora los llamados de Alito Moreno parecen perderse en el aire, como los de un beduino en medio del desierto del Sahara. Aun así, muchos coinciden en que sin una estrategia común y sin coalición, la oposición difícilmente podrá construir una alternativa real en el tablero político nacional. Habrá que esperar lo que ocurra en los próximos meses. En política, pocas cosas se dicen abiertamente y muchas se negocian en silencio, porque casi siempre hay algo guardado debajo de la mesa…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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