(Video) “Soy un galgo español”: Taxista baja a pasajera therian por política de “no mascotas” y el video se viraliza.

Una polémica situación captada en video se ha viralizado en redes sociales durante las últimas horas: una pasajera fue solicitada bajar de un taxi (o servicio de transporte por aplicación) tras un desacuerdo con el conductor por la política de «no aceptación de mascotas».

En la grabación que circula ampliamente en plataformas como Instagram, Facebook y X (antes Twitter), la mujer se identifica abiertamente como «therian», un término que describe a personas que experimentan una identificación profunda —de tipo espiritual, psicológico o identitario— con un animal no humano. En este caso, la joven se presenta como «Daysi», afirmando ser un galgo español.

«¿Qué no está viendo que claramente soy un galgo español?», se le escucha decir en el clip, mientras el taxista le explica con firmeza que su vehículo está destinado exclusivamente al transporte de personas y no permite animales. El conductor le sugiere utilizar servicios especializados como Uber Pets (o equivalentes), diseñados para traslados con mascotas.

El incidente, ocurrido aparentemente en un contexto latinoamericano (con menciones a México y Ecuador en distintas publicaciones), generó cientos de reacciones divididas: algunos usuarios apoyan al conductor por mantener las reglas de su servicio y evitar posibles daños o suciedad en la unidad, mientras otros lo critican por falta de comprensión hacia identidades no convencionales o lo interpretan como un acto de discriminación.

¿Parodia o caso real?
Parte de la audiencia en redes sociales especula que el video podría tratarse de una parodia o contenido humorístico inspirado en la creciente visibilidad de la comunidad therian en internet. Sin embargo, la difusión masiva del clip —con miles de reproducciones y comentarios— lo ha convertido en tendencia bajo hashtags como #Therian, #GalgoEspañol y #TaxiMascotas.

Hasta el momento no se han reportado acciones legales ni pronunciamientos oficiales por parte de plataformas de movilidad. El caso reaviva el debate sobre los límites entre políticas de servicio privado, respeto a las identidades personales y las normas de convivencia en espacios compartidos.

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