Por Javier Zapata
En política, el silencio no es neutral. El silencio protege. El silencio encubre. Y cuando se trata de rendición de cuentas, el silencio de diputadas, diputados, senadoras y senadores de Morena frente a los cuestionamientos hacia la alcaldesa de Tepic, no es prudencia institucional: Es cálculo Político.
Morena llegó al poder con una bandera clara: “combate a la corrupción”, austeridad, transparencia y vigilancia del uso del dinero público. Desde la tribuna federal, sus legisladores repiten incansablemente que la rendición de cuentas es un principio irrenunciable. Que el pueblo manda y el Pueblo Quita: Que el dinero es sagrado porque es del pueblo. Que no son iguales.

Pero en Tepic, cuando las denuncias ciudadanas, los señalamientos por manejo de recursos y las exigencias de claridad administrativa tocan a una figura emanada de sus filas, la energía fiscalizadora desaparece. La voz se modula. El discurso se suaviza. Y el acompañamiento político sustituye a la exigencia pública de transparencia.
“No se trata de prejuzgar. Se trata de exigir lo que Morena dice defender”.
Si hay denuncias, que se investiguen.
Si hay dudas, que se aclaren.
Si hay cuentas públicas, que se transparenten sin reservas.
“Lo que resulta inadmisible es la doble vara”.
La rendición de cuentas no puede ser un instrumento para golpear adversarios y un tabú cuando se trata de aliados. La congruencia es la prueba de fuego de cualquier movimiento político que se autodefine como transformación.
Porque cuando legisladoras y legisladores federales guardan silencio ante cuestionamientos locales que involucran a una compañera de partido, el mensaje que se envía no es de institucionalidad: Es de protección de grupo. Y la ciudadanía lo percibe.
Morena no puede exigir fiscalización implacable a gobiernos del pasado y, al mismo tiempo, cerrar filas sin transparencia cuando la crítica apunta hacia adentro. Eso no es transformación. Eso es reproducción de las viejas prácticas que juraron erradicar.
“La rendición de cuentas no es opcional”. No es negociable. No es selectiva.
Si la alcaldesa de Tepic está actuando conforme a la ley, que lo demuestre con documentos abiertos, auditorías claras y explicaciones públicas detalladas. Y si Morena realmente cree en la transparencia, que sus diputadas, diputados, senadoras y senador lo exijan con la misma firmeza con la que lo hacen en tribuna cuando señalan a otros.
Porque quien calla ante la opacidad propia pierde autoridad moral para denunciar la ajena.
Y en política, la autoridad moral es el único capital que no admite simulación.
La ciudadanía observa. Y la memoria pública es corta cuando se trata de incongruencias.
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