Por Ricardo Reyes.
La violencia criminal alcanza a menores de edad en distintas regiones del país.
El reclutamiento de niños y adolescentes por parte del crimen organizado se ha convertido en una de las expresiones más alarmantes de la violencia que enfrenta México. Diversos informes de organizaciones civiles y organismos defensores de derechos humanos advierten que grupos criminales están utilizando a menores de edad como halcones, distribuidores de droga e incluso sicarios en varias entidades del país.
La problemática se ha intensificado en estados afectados por disputas entre cárteles, donde la pobreza, la desintegración familiar y la falta de oportunidades facilitan que menores sean captados por organizaciones criminales. En muchos casos, los niños son atraídos mediante promesas de dinero, poder o protección, mientras que otros son obligados bajo amenazas.
Especialistas en seguridad señalan que los grupos delictivos buscan reclutar menores debido a que son más fáciles de manipular y, legalmente, enfrentan consecuencias penales distintas a las de un adulto. Además, advierten que la normalización de la violencia en comunidades golpeadas por el narcotráfico ha provocado que algunos adolescentes vean a los sicarios como modelos de éxito.
Organizaciones civiles han denunciado que existen regiones donde el crimen organizado opera prácticamente como una autoridad paralela, controlando territorios y utilizando a menores para vigilar movimientos de fuerzas de seguridad, transportar armas o participar directamente en ejecuciones.
Datos de colectivos dedicados a la protección de la infancia indican que miles de menores se encuentran en riesgo de ser reclutados por grupos criminales en México. Sin embargo, activistas aseguran que el fenómeno permanece subestimado debido a la falta de registros oficiales precisos.
Ante esta situación, defensores de derechos humanos han exigido al gobierno federal y a las autoridades estatales implementar políticas urgentes enfocadas en prevención, educación, atención psicológica y recuperación de espacios públicos, además de reforzar las investigaciones contra redes de reclutamiento criminal.
Mientras la violencia ligada al narcotráfico continúa extendiéndose, el uso de niños y adolescentes por parte del crimen organizado evidencia el profundo deterioro social que vive el país y el impacto que la inseguridad tiene sobre las nuevas generaciones.

