Por Ricardo Reyes.
Organismos internacionales han colocado a México en la categoría de autocracia electoral dentro de la “zona gris”, según el Democracy Report 2026 del Instituto V-Dem. Lejos de ser un mero diagnóstico técnico, este señalamiento refleja un alarmante deterioro de las instituciones democráticas, con un claro debilitamiento de contrapesos y libertades fundamentales.
El informe de V-Dem documenta que, a pesar de mantener elecciones formales, México ha sufrido un retroceso sistemático en independencia judicial, libertad de expresión y equilibrio de poderes. Este proceso, iniciado con fuerza durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se profundiza ahora bajo Claudia Sheinbaum, consolidando un modelo de poder cada vez más concentrado en Morena.
Evidencia preocupante del declive:
- Freedom House mantiene a México como “Parcialmente Libre”, con una tendencia clara a la baja en derechos políticos y libertades civiles.
- El Democracy Index del Economist Intelligence Unit lo clasifica como régimen híbrido, cada vez más alejado de las democracias plenas.
- El expresidente Ernesto Zedillo ha advertido con dureza que la controvertida reforma judicial de 2024 —que somete a jueces a elección popular— representa un golpe grave al Estado de derecho y abre la puerta a una autocracia de partido dominante.
Los signos son evidentes: mayoría aplastante de Morena en el Congreso y en la mayoría de gobiernos estatales, sometimiento de instituciones supuestamente autónomas, ataques constantes desde el poder contra medios críticos y un entorno de extrema violencia contra periodistas que mantiene a México como uno de los países más peligrosos del mundo para la prensa.
El gobierno de Sheinbaum rechaza cualquier crítica y asegura que las reformas “acercan el poder al pueblo”. Sin embargo, analistas independientes advierten que estas medidas, más que democratizar, están concentrando el control en el Ejecutivo y su partido, bajo la narrativa de combatir “élites”, mientras se debilitan los mecanismos de rendición de cuentas.
Morena insiste en que sus triunfos electorales legitiman todo. No obstante, esta visión ignora el grave riesgo que representa la erosión institucional para la calidad de la democracia, más allá de las mayorías coyunturales.
Conceptualmente, México no ha llegado aún a una tiranía abierta —con represión masiva y cierre total de libertades—, pero sí muestra claros rasgos de una autocracia electoral cada vez más agresiva: mantiene las formas democráticas mientras vacía de contenido real los contrapesos y libertades. Está lejos de Nicaragua o Venezuela en su etapa más dura, pero peligrosamente cerca de un modelo autoritario con rostro institucional.
Este retroceso democrático representa uno de los mayores desafíos para México en las últimas décadas. La concentración excesiva de poder y el debilitamiento deliberado de instituciones amenazan la estabilidad futura del país y ponen en riesgo las conquistas democráticas alcanzadas desde el año 2000.
El tiempo dirá si esta tendencia se profundiza hacia formas más autoritarias o si la sociedad logra frenar el avance de un sistema que, bajo la bandera de la “transformación”, parece regresar a viejos patrones de hegemonía política.

