Por Carlos Hartig.
Detrás de cada cirugía hay una historia de lágrimas que se transforman en sonrisas, y detrás de Sonrisa de Luna hay un ejército de voluntades que se niega a aceptar el olvido. En un esfuerzo monumental que desafía las carencias del sistema de salud y la falta de apoyo gubernamental continuo, esta asociación civil, en una alianza inquebrantable con la emblemática Clínica Santa María de Tepic, se encuentra culminando con rotundo éxito su décima jornada quirúrgica. Tras casi cuatro años de labor ininterrumpida, lo que comenzó como un sueño cobijado por la adversidad se ha convertido en una realidad bendecida: el proyecto ha logrado valorar y operar a más de 100 pequeños, traduciéndose en más de 150 cirugías exitosas, debido a que muchos de los pacientes requieren intervenciones dobles tanto en el labio como en el paladar hendido.
La logística de este milagro médico es coordinada por Connie Murillo, fundadora y el motor humano de la asociación. Ella recuerda con profunda gratitud cómo la Clínica Santa María les abrió las puertas cuando en otros lugares se las cerraron en la cara. Hoy, este hospital es su hogar, albergando 9 de las 10 jornadas realizadas. El impacto de esta cruzada de amor ha trascendido las fronteras del estado; la voz se ha corrido con tanta fuerza que a esta jornada acudieron familias desesperadas desde Tabasco, consolidando a Tepic como un faro de esperanza regional. El éxito rotundo y el «100% de casos de éxito» son respaldados por un equipo médico de alta especialidad proveniente de la Ciudad de México, liderado por el reconocido cirujano plástico, el doctor Silverio Tovar Zamudio, un hombre profundamente enamorado de Tepic tras haber vivido dos años en la capital nayarita, y quien describe el regresar a ayudar a estos niños como un acto «hermoso, lleno de calidad y compasión».
El doctor Tovar no viene solo; se hace acompañar por un equipo de seis profesionales de la salud, entre anestesiólogos, médicos residentes en formación en cirugía plástica y enfermeras quirúrgicas especializadas. Juntos, realizan jornadas verdaderamente extenuantes que comienzan a las 8:00 de la mañana y concluyen a la medianoche. «Ellas entran primero y se van al último porque tienen que preparar, esterilizar y entregar limpio el instrumental para el día siguiente», relata conmovido el cirujano. El principal objetivo del equipo es erradicar las secuelas de pacientes que han sido «mal operados» en el pasado por brigadas extranjeras temporales que llegan, intervienen sin seguimiento y dejan rostros con graves secuelas estéticas y funcionales, provocando que los niños crezcan siendo introvertidos, inseguros o víctimas de agresividad y acoso escolar.
La urgencia de estas jornadas se entiende mejor al mirar las frías pero alarmantes estadísticas nacionales y locales. En México, el labio y paladar hendido (LPH) representa una de las anomalías congénitas craneofaciales más frecuentes y dolorosas. De acuerdo con datos epidemiológicos de la Secretaría de Salud federal y registros del INEGI, en el país se presenta un caso por cada 500 a 700 nacidos vivos, lo que equivale al nacimiento de aproximadamente 2,000 a 3,500 niños al año con esta condición. El doctor Tovar advierte que, aunque la natalidad general en el país ha disminuido, la incidencia de esta malformación se mantiene fija. Por ello, el protocolo ideal debe ser multidisciplinario (abarcando hasta 16 especialidades médicas) y comenzar desde el diagnóstico prenatal para concientizar y preparar psicológicamente a las madres, extendiéndose de manera ininterrumpida hasta que el paciente cumple los 18 años de edad.
En Nayarit, el panorama es complejo debido a la falta de infraestructura pública especializada, un vacío que la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN) busca subsanar de la mano con Sonrisa de Luna. La UAN, a través de su Unidad Académica de Odontología, juega un papel crucial al operar una clínica especializada en labio y paladar hendido. Todos los jueves, especialistas y estudiantes universitarios atienden a los pacientes en el área dental y ortopédica maxilofacial. Este tratamiento es calificado por los cirujanos como «vital», ya que una correcta alineación dental y el seguimiento del crecimiento óseo de la cara son los que garantizan que el niño no hable de forma «gangosa» (como coloquialmente se le conoce a la insuficiencia velofaríngea) y pueda integrarse a la sociedad como si nada hubiera pasado.
Mantener este engranaje de salud de forma gratuita para las familias requiere de un financiamiento privado titánico. Los directivos de la Clínica Santa María, los hermanos Carlos Bishop (director administrativo) y el doctor Raúl Bishop (director médico y urólogo), asumieron este compromiso como un legado directo de su padre, quien fue el pionero de los trasplantes en Nayarit y promotor de causas nobles. La «familia Santa María» dona quirófanos, hospitalización y suministros. A este frente se ha sumado con fuerza el sector empresarial a través de Enrique Echevarría, consejero de Grupo Empresarial Alica y de la Fundación Alica, quien tras una invitación de su amigo «Charly» Bishop, decidió involucrar formalmente la estructura de la fundación. Echevarría, expresidente de Coparmex Nayarit, puntualizó que los empresarios tienen la responsabilidad social de generar un estado con calidad de vida y no dejar todo en manos de un gobierno que muchas veces está ocupado en otras actividades.
La red de amor de Sonrisa de Luna es internacional y sumamente organizada. Entre los aliados clave destaca Omar Octavio Gordín, representante de los Clubes Rotarios, quienes bajo el lema mundial «dar de sí antes de pensar en sí», aportan recursos y manos a la causa, sumándose también en esta ocasión un club rotario de origen estadounidense. Asimismo, se cuenta con el apoyo de la fundación Mercy de San Diego, California, que ha financiado los gastos de nueve jornadas; la empresa Mabares de la Ciudad de México, liderada por una madre de familia que cubre los vuelos y hospedaje del equipo médico; y de manera local, el Laboratorio Roble, que realiza de forma completamente gratuita todos los estudios preoperatorios de laboratorio a cada niño.
Aunque el promedio de operaciones es de 10 niños por jornada —el límite máximo que permiten los recursos actuales debido al alto costo de insumos y medicamentos que se le regalan por completo a las familias—, la lista de espera sigue siendo enorme. Es por ello que Connie Murillo y todo el equipo hacen un llamado urgente a la ciudadanía: «Todos podemos apoyar desde nuestro corazón, desde nuestra cartera o con nuestro tiempo; se necesitan manos». Con la mira puesta en la próxima jornada que se llevará a cabo en el mes de noviembre, la fundación está en proceso de reestructuración para mejorar su infraestructura humana y física. El sueño final es ambicioso pero necesario: edificar un espacio físico propio, una clínica permanente de labio y paladar hendido en Nayarit, para que los niños de la región nunca vuelvan a perder la oportunidad de sonreírle a la vida con un corazón pleno y sanado.

