Por Ricardo Reyes.
La evolución de la pobreza y la pobreza extrema en México durante los últimos siete años muestra un panorama complejo, marcado por el impacto económico de la pandemia, cambios en las políticas sociales y una recuperación posterior que modificó las cifras nacionales.
Los datos oficiales indican que la pobreza no mantuvo un aumento continuo durante este periodo; por el contrario, registró incrementos temporales y posteriormente una disminución. Entre 2018 y 2020, durante los efectos más severos de la emergencia sanitaria por COVID-19, el número de personas en situación de pobreza aumentó de 51.9 millones a 55.7 millones, es decir, 3.8 millones más. Asimismo, la pobreza extrema pasó de 8.7 millones a 10.8 millones de personas.
Sin embargo, en los años siguientes la tendencia cambió. Las mediciones posteriores reportaron una reducción en los niveles de pobreza multidimensional. Para 2024, las estimaciones señalaron que alrededor de 38.5 millones de personas permanecían en condiciones de pobreza, cifra menor a la registrada en 2018. La pobreza extrema también mostró una disminución, pasando a aproximadamente siete millones de personas.
Especialistas atribuyen las variaciones a diversos factores, entre ellos los efectos de la pandemia sobre el empleo y los ingresos familiares, los incrementos al salario mínimo y la expansión de programas sociales. No obstante, persisten retos importantes en materia de acceso a servicios de salud, educación y seguridad social. Uno de los indicadores que más preocupación ha generado es el incremento de personas sin acceso a servicios médicos.
Aunque las cifras muestran una reducción en el número total de personas en situación de pobreza respecto al inicio del periodo analizado, el desafío sigue siendo significativo: millones de mexicanos continúan enfrentando condiciones de vulnerabilidad económica y carencias sociales que afectan su calidad de vida.

