Por Ricardo Reyes.
Con apenas un 32% de avance y un retraso ya reconocido por las propias autoridades, la obra de modernización de la Avenida Jacarandas se ha convertido en un claro ejemplo de la ineficiencia y desinterés del Gobierno del Estado de Nayarit hacia la capital y sus habitantes.
Lejos de asumir su responsabilidad, las autoridades estatales han optado por justificar el atraso con “labores de cableado subterráneo”, una excusa tan previsible como inadmisible en un proyecto de esta magnitud. ¿Cómo es posible que el Gobierno del Estado haya licitado e iniciado una obra en una de las avenidas más importantes de Tepic sin haber previsto con anticipación la renovación de la infraestructura eléctrica y de telecomunicaciones? Esta omisión revela una grave falta de planeación y profesionalismo.
Mientras el Gobierno del Estado guarda silencio o emite comunicados tibios, miles de tepicenses enfrentan diariamente embotellamientos interminables, polvo constante, baches peligrosos y pérdidas económicas. Comerciantes ven caer sus ventas, trabajadores y estudiantes pierden horas valiosas, y los servicios de emergencia se ven obstaculizados. Todo ello es consecuencia directa de la mala gestión estatal.
El retraso no es un accidente. Es el resultado de la improvisación con la que el Gobierno del Estado maneja las obras públicas: se anuncian con gran propaganda, se inician sin proyectos ejecutivos maduros y luego se culpa a “imprevistos” que cualquier administración seria habría resuelto desde la etapa de diseño.
Los nayaritas merecen que el gobernador y su equipo asuman la responsabilidad política que les corresponde. No es suficiente reconocer el retraso; se requiere:
- Una nueva fecha de terminación realista y vinculante, con penalizaciones claras por incumplimiento.
- Transparencia total sobre el costo adicional que este retraso generará para las arcas estatales.
- Responsabilidades concretas: ¿quién autorizó el proyecto incompleto y por qué no se coordinó adecuadamente con las empresas de servicios?
La Avenida Jacarandas no es solo una obra más. Es una vía estratégica para la movilidad de la capital. Que permanezca convertida en un caos vial interminable habla mal de la capacidad de gestión del Gobierno del Estado, que una vez más prioriza la narrativa sobre resultados concretos.
Los tepicenses ya están cansados de pagar con su tiempo, su seguridad y su dinero la incompetencia de sus gobernantes. El retraso en Jacarandas no es técnico, es político. Y la factura la está cobrando la ciudadanía.

