Por Carlos Hartig.
A pesar de que el formato de sus ruedas de prensa de los martes pretende proyectar una imagen de dinamismo y cercanía social, la realidad que encabeza Sofía Bautista Zambrano en el PRI de Nayarit es la de un partido atrapado en la inercia de la autocomplacencia. La puesta en escena en el Comité Directivo Estatal, saturada de nombramientos internos y saludos corporativos a secretarios y líderes de sectores satélites como la CNC o el Movimiento Territorial, no logra ocultar el vacío de una militancia de a pie que brilla por su ausencia. El discurso de Bautista no se construye desde el territorio, sino desde la comodidad de un presídium donde se confunde la burocracia partidista con el pulso real de una ciudadanía que hace mucho tiempo dejó de ver en el tricolor una alternativa confiable.
El clímax de la simulación llegó con el anuncio de la supuesta «ola» de incorporación de lo que han decidido bautizar mediáticamente como «defensores». Detrás de la rimbombante cifra de dieciocho perfiles en Tepic y de próximas visitas a Jala y El Nayar, subyace el añejo vicio de reciclar cuadros políticos y presentar como «sociedad civil» a quienes han vivido al amparo de las prerrogativas del partido. La incapacidad de la dirigencia para detallar filtros de selección rigurosos y transparentes —escudándose con vaguedad en que el Instituto Nacional Electoral se encargará de revisarlos en su momento— demuestra que para Sofía Bautista la prioridad es inflar el padrón de nombres de cara al 2027, sin importar si estos perfiles arrastran los mismos vicios de opacidad que el partido tanto critica en sus adversarios.
En el ámbito legislativo, la ligereza con la que la presidenta del partido abordó la iniciativa para regular el uso de teléfonos celulares en las escuelas de nivel básico y medio superior raya en la irresponsabilidad política. Si bien es innegable la problemática del acoso digital y los riesgos en adolescentes, respaldar una propuesta punitiva y restrictiva bajo la premisa de «aprobar primero y ver la operatividad después» desnuda el estilo de hacer política del actual PRI: legislar para la nota informativa, no para la solución real. La falta de un plan técnico coordinado con el sistema educativo y de seguridad pública convierte una causa noble en un mero estandarte demagógico, dejando toda la carga de la problemática a las ya saturadas instituciones educativas y a los padres de familia.
El tufo oportunista de la dirigencia estatal se hizo aún más evidente cuando Bautista Zambrano intentó capitalizar políticamente el clima de violencia que azota al norte del estado, particularmente en Tecuala. Relatar de manera anecdótica que durante su visita el comercio organizado bajó las cortinas por una presunta falsa alarma, lejos de mostrar empatía, evidenció cómo el dolor y el miedo de los nayaritas son utilizados como insumo para el golpeteo mediático. El PRI estatal se limita a señalar el desastre y a utilizar los problemas de desabasto de agua en las comunidades como un botín de campaña anticipado, pero es incapaz de poner sobre la mesa una sola propuesta técnica o un proyecto de gestión presupuestal que alivie la crisis que sufren los productores y habitantes de la zona norte.
Por otro lado, la obsesión de la lideresa tricolor por la política nacional y los escándalos de la llamada «Cuarta Transformación» en estados vecinos del norte del país delata una alarmante carencia de agenda local. Utilizar valiosos minutos de una rueda de prensa local para proyectar videos de abucheos en Chihuahua o especular sobre el paradero de gobernadores sinaloenses no es más que una cortina de humo para desviar la atención de su propia incapacidad operativa en Nayarit. La militancia y los medios de comunicación locales asisten a un monólogo que parece más una réplica del guion dictado desde la dirigencia nacional de Alejandro Moreno que un análisis serio y contextualizado de la realidad socioeconómica de los veinte municipios del estado.
La defensa que Sofía Bautista hace de las polémicas giras internacionales de su líder nacional, ponderando reuniones en Washington ante el Departamento del Tesoro y la OEA como si fuesen logros tangibles para las familias mexicanas, resulta desconectada del sentimiento popular. Mientras la cúpula priista se desgasta en cabildeos internacionales bajo el argumento de «denunciar vínculos criminales», el ciudadano común en Tepic o Compostela se enfrenta a la escalada de la canasta básica, la extorsión telefónica y el deterioro de las calles. Al aplaudir estas acciones de pasillo internacional, la dirigencia de Nayarit valida una política de élites que prioriza el impacto en medios extranjeros por encima del trabajo comunitario y la reconstrucción de las bases que alguna vez le dieron fuerza al partido.
Finalmente, el letargo jurídico y la pasividad con la que el PRI estatal reacciona ante lo que ellos mismos califican como un «descarado proselitismo anticipado» por parte de las autoridades municipales de Tepic demuestra que el partido está administrativamente rebasado. Limitarse a responder con un tibio «estamos preparando las denuncias» ante las movilizaciones de miles de personas y el evidente uso de recursos públicos en festejos patronales de la competencia es una confesión de incompetencia oportuna. Sofía Bautista parece apostarlo todo a una especie de «justicia divina electoral» para el año 2027, confiando ciegamente en que el hartazgo ciudadano hará el trabajo que su dirigencia, por falta de estructura, recursos y estrategia, ha sido incapaz de articular en las calles y en los tribunales electorales.

