Por Ricardo Reyes.
En medio de los graves desafíos que enfrenta Nayarit —desde la inseguridad en zonas turísticas hasta la precariedad en servicios básicos y la erosión de sus atractivos naturales—, el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Turismo, ha decidido destinar recursos y visibilidad a una promoción que genera más dudas que entusiasmo: la llegada de las famosas Vaqueritas de Cowboys (porristas de los Dallas Cowboys de la NFL).
La campaña invita a los nayaritas a participar en una “dinámica” para ganar pases y “vivir esta experiencia única”. Mientras tanto, problemas estructurales como la falta de infraestructura vial en el sur del estado, la contaminación de ríos y bahías, o la insuficiente promoción de la riqueza cultural y ecológica local —playas, selvas, tradiciones huicholes y gastronomía— parecen quedar en segundo plano. ¿Es esto lo que Nayarit necesita para posicionarse como destino turístico de primer nivel?
Importar un espectáculo de cheerleaders estadounidenses, icónico por su imagen glamorosa pero también por las controversias que han rodeado al grupo (condiciones laborales históricamente cuestionadas y una hipersexualización que ha sido criticada en múltiples documentales y reportajes), parece una apuesta por el “efecto wow” fácil y foráneo. En lugar de fortalecer la identidad nayarita, se opta por traer un producto cultural ajeno, empaquetado con estrellas y vaqueros texanos, que poco tiene que ver con las raíces del Pacífico mexicano.
El uso de recursos públicos para promocionar un concurso en redes sociales que, en última instancia, beneficia a un espectáculo privado genera legítimas preguntas sobre rendición de cuentas: ¿Cuánto cuesta esta “experiencia única” al erario estatal? ¿Se justifican estos gastos cuando hospitales, escuelas y comunidades indígenas enfrentan carencias crónicas? Prometer que con esto se “presume Nayarit” suena más a eslogan vacío que a una estrategia turística seria y sostenible.
Nayarit tiene potencial sobrado: Riviera Nayarit, el volcán Ceboruco, la Sierra de San Juan, Sayulita, San Blas y una biodiversidad envidiable. Sin embargo, en vez de invertir en mejorar la conectividad, capacitar guías locales, proteger ecosistemas o crear productos turísticos auténticos, se apuesta por eventos importados que generan atención efímera en redes. Mañana será otro show, otro influencer o otra figura foránea, mientras los problemas de fondo permanecen sin resolver.
Esta clase de acciones refuerzan la percepción de un turismo superficial, dependiente de modas externas y poco comprometido con el desarrollo integral del estado. Los nayaritas merecen algo más que un concurso para ver porristas estadounidenses. Merecen un gobierno que priorice lo propio, invierta con inteligencia y promueva Nayarit por sus virtudes reales, no por la llegada temporal de un espectáculo ajeno.
Mientras las “Vaqueritas” lleguen con bombo y platillo, muchos en Tepic, Bahía de Banderas o la zona norte seguirán preguntándose: ¿Cuándo llegará la verdadera atención a las necesidades de la gente?

