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Por Ricardo Reyes.
Exactamente un año después de su elección, el papa León XIV (Robert Francis Prevost), el primer pontífice estadounidense y agustino en la historia de la Iglesia, celebra su aniversario con una peregrinación a Nápoles y Pompeya, donde ha reiterado su llamamiento central: la paz que comienza en el corazón humano. Su pontificado, iniciado el 8 de mayo de 2025 tras la muerte de Francisco, se ha caracterizado por un estilo prudente, de “corrección sin ruptura” y liderazgo equilibrado en una Iglesia marcada por tensiones internas y un mundo en conflicto.
Nacido en Chicago en 1955, con raíces multiculturales y más de dos décadas como misionero en Perú (donde también adquirió la nacionalidad), Prevost llegó al papado con experiencia como prior general de los agustinos, obispo de Chiclayo y prefecto del Dicasterio para los Obispos. Su elección del nombre León XIV evoca a León XIII y su doctrina social, adaptada a los desafíos de la inteligencia artificial, la migración y la justicia global. En su primera aparición en el balcón de San Pedro, sus palabras “¡La paz esté con todos ustedes!” marcaron el tono de un pontificado que ha priorizado el diálogo y la unidad.
Logros y énfasis principales
- Llamados a la paz y diplomacia: León XIV ha realizado múltiples intervenciones vigorosas contra la guerra (“¡Nunca más la guerra!”), denunciando a los “señores de la guerra” y promoviendo el diálogo “tras bambalinas”. Destacan sus viajes a Turquía y Líbano (noviembre-diciembre 2025), con encuentros ecuménicos y con líderes de Oriente Medio, y su extensa gira por África (abril 2026: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial), donde enfatizó la justicia, los derechos humanos y el desarrollo integral. Ha mantenido contactos con líderes en conflicto, como Putin y Zelenski, y ofreció los palacios vaticanos para negociaciones.
- Viajes y cercanía pastoral: Además de los grandes desplazamientos internacionales, ha participado activamente en el Jubileo de la Esperanza (cerrado en enero de 2026), con el Jubileo de los Jóvenes como punto álgido, congregando a más de un millón de peregrinos. Su estilo accesible incluye encuentros frecuentes y un regreso a Castel Gandolfo como residencia estival.
- Reformas internas moderadas: Ha optado por ajustes en lugar de rupturas. Confirmó inicialmente a gran parte de la Curia, realizó nombramientos clave (como Filippo Iannone en Obispos o Paolo Rudelli en la Secretaría de Estado) y promovió una racionalización financiera (limitando la exclusividad del IOR y reforzando la APSA). Publicó un nuevo Reglamento de la Curia y medidas de inclusión laboral para personas con discapacidad. En liturgia, ha permitido mayor flexibilidad para el rito tridentino sin derogar las normas previas.
- Continuidad y énfasis: Mantiene la atención a migrantes (“basura” o “animales” en críticas duras), protección de menores (nombramiento de Thibault Verny en la Comisión correspondiente) y sinodalidad, alineado con el Vaticano II y Francisco, pero con un tono más doctrinal y equilibrado.
El primer año no ha estado exento de fricciones. Ha habido tensiones diplomáticas con la administración Trump en EE.UU., críticas de sectores ultraconservadores (incluido el riesgo de cisma con lefebvrianos) y la persistente crisis de abusos, donde se busca una gestión estructural. Algunos observan un pontificado de “amortiguación” entre las distintas almas de la Iglesia: sin grandes purgas ni revoluciones, pero con avances medidos.
A un año de su elección, León XIV proyecta la imagen de un pastor misionero, pragmático y dialogante, que busca unir más que dividir en tiempos turbulentos. Con 70 años, su pontificado aún está en sus inicios, pero ya define un rumbo claro: evangelización, paz activa y una Iglesia que, sin estridencias, intenta responder a los desafíos del siglo XXI manteniendo su identidad. Como él mismo ha recordado, su rol es el de pastor, no de político. El balance es positivo en imagen y actividad, aunque los grandes frutos de sus reformas se medirán en los años venideros.

