Tepic, Nayarit (RRC): La reconfiguración interna del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha encendido alertas internacionales. Luego de la reciente captura de un alto mando vinculado a la seguridad de la organización, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) ha puesto bajo la lupa a Raúl Morín, alias “La Fresa”, a quien perfila como posible sucesor de “El Jardinero”, uno de los operadores estratégicos del grupo criminal.
De acuerdo con un comunicado oficial emitido por autoridades estadounidenses, tanto “El Jardinero” como “La Fresa” tendrían su principal centro de operaciones en el estado de Nayarit, entidad que, según informes de inteligencia, ha cobrado relevancia como punto logístico para el trasiego de drogas y otras actividades ilícitas del CJNG.
La mención de Morín en estos reportes no es menor. Para la DEA, su ascenso dentro de la estructura criminal respondería a una reconfiguración interna tras los recientes golpes a la organización, lo que sugiere una posible disputa por el control de plazas estratégicas, particularmente en la región del Pacífico mexicano.
Aunque las autoridades mexicanas no han emitido una postura oficial detallada sobre este señalamiento en específico, la referencia directa a Nayarit vuelve a colocar al estado en el centro de atención en materia de seguridad. Especialistas advierten que este tipo de movimientos dentro del CJNG suelen ir acompañados de reacomodos violentos, incremento de operaciones y tensiones entre células rivales.
El CJNG, considerado uno de los grupos criminales más poderosos y expansivos del país, ha mantenido presencia en diversas entidades, pero el señalamiento de la DEA refuerza la hipótesis de que Nayarit no solo es zona de tránsito, sino también de operación y mando.
En este contexto, la posible consolidación de “La Fresa” como figura clave dentro del cártel plantea nuevos desafíos para las autoridades de ambos países, en medio de una estrategia binacional que, pese a los avances, continúa enfrentando la capacidad de adaptación de estas organizaciones criminales.
La evolución de este caso podría marcar un nuevo capítulo en la dinámica del crimen organizado en el occidente de México, con implicaciones directas para la seguridad regional.

