“La 4T: El Epitafio de una esperanza fallida”.

Por Javier Zapata.

Cuando se anunció la llamada Cuarta Transformación, millones de mexicanas y mexicanos creyeron estar presenciando el nacimiento de una nueva era política. Se habló de justicia, de fin a la corrupción, de una nación más humana y menos desigual. Hoy la imagen de una cruz sobre calaveras resulta una metáfora perfecta de lo que la 4T ha dejado: promesas enterradas y un país que sigue pagando con su dolor los errores del poder.

El discurso del cambio se convirtió en una religión política. En lugar de libertades, se impusieron lealtades. En lugar de rendición de cuentas, se exigió fe ciega. La figura presidencial se transformó en un dogma y las instituciones, en altares donde se sacrificó la independencia, la transparencia y la crítica. México no necesitaba un nuevo mesías, necesitaba un gobierno que trabaje en beneficio del pueblo y no de beneficios personales.

La economía se estancó mientras se festejaban supuestos logros sociales sostenidos por dádivas electorales. Se militarizó la seguridad y se entregó el país a los uniformes, bajo el pretexto de “proteger al pueblo”. Sin embargo, los homicidios, las desapariciones y el terror cotidiano siguen marcando la vida de millones. Las madres buscadoras, los defensores asesinados y los periodistas silenciados son los verdaderos testigos del fracaso de esta transformación.

El sistema de salud colapsó. Los hospitales se convirtieron en campos de espera y los enfermos en estadísticas que se borran para no dañar la imagen del régimen. El campo fue olvidado, las obras faraónicas sustituyeron a las necesidades básicas y los recursos públicos se concentraron en proyectos personales disfrazados de política nacional.

Mientras tanto, el discurso oficial continúa hablando de un país que solo existe en los informes mañaneros. Un país imaginario donde no hay pobreza, ni inseguridad, ni corrupción. Pero en las calles, la realidad es otra: desempleo, miedo y desconfianza hacia un Estado que prometió transformación y entregó simulación.

La 4T, no fue una revolución, fue un retroceso con retórica heroica. La esperanza fue secuestrada por el culto al poder. México merece un gobierno que escuche, no que sermonee; que rinda cuentas, no que manipule las cifras; que construya, no que divida.

Hoy, la cruz que ilustra el epitafio de la 4T, no representa solo el fin de un proyecto político, sino la tumba de una promesa incumplida. Pero también es una advertencia: ningún gobierno que confunda el mandato ciudadano con el culto a su propia figura puede sostener la dignidad de una nación.

México merece otro gobierno. Uno que resucite la confianza, la justicia y la verdad que esta falsa transformación enterró bajo sus propias ruinas.

zapata.nayarit@gmail.com

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Un comentario sobre «“La 4T: El Epitafio de una esperanza fallida”.»

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