Por Ricardo Reyes.
En un caso que pone de manifiesto la persistente realidad de los matrimonios forzados infantiles en algunas regiones del mundo, una menor de 13 años ha sido obligada a contraer matrimonio con Mohammed, un hombre de 29 años. La niña, cuya identidad se mantiene en reserva por razones de protección, fue captada en un video llorando intensamente de dolor físico y emocional, mientras declaraba: «Las niñas no podemos negarnos. El Islam no lo permite».
La frase pronunciada por la menor refleja la justificación cultural y religiosa que, según denuncias de organizaciones internacionales, se utiliza en ciertos contextos para perpetuar estas prácticas. La niña describió el sufrimiento causado por la consumación del matrimonio, un acto que en muchos países se considera violación y abuso sexual de menores.
Aunque no se ha confirmado el país exacto donde ocurrió el hecho –circulan versiones que lo ubican en regiones de Oriente Medio o Asia Central afectadas por conflictos y tradiciones conservadoras–, el caso recuerda tragedias similares documentadas en Yemen, Afganistán e Irak. En Yemen, por ejemplo, no existe una edad mínima legal para el matrimonio, lo que ha llevado a casos de niñas de apenas 8 años obligadas a casarse, sufriendo graves consecuencias físicas y psicológicas. Organizaciones como Human Rights Watch y UNICEF han alertado repetidamente sobre cómo estos matrimonios precoces exponen a las menores a violencia doméstica, abandono escolar y riesgos de salud, incluyendo muertes por hemorragias internas durante la noche de bodas.
Expertos en derechos humanos enfatizan que, si bien algunas interpretaciones extremas de textos religiosos se invocan para justificar estas uniones, la mayoría de las autoridades islámicas y los países musulmanes condenan el matrimonio infantil. La Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, ratificada por casi todos los Estados, establece los 18 años como edad mínima para el matrimonio, y califica estas prácticas como una violación grave de los derechos humanos.
Organizaciones como Girls Not Brides y Amnistía Internacional han llamado a los gobiernos a reforzar leyes que prohíban explícitamente los matrimonios infantiles y a implementar programas de educación y protección para las niñas en riesgo. Recientemente, en Irak, controversias similares surgieron por enmiendas legales que podrían facilitar uniones a edades muy tempranas, profundizando divisiones sectarias y generando protestas internacionales.
Este caso, que ha circulado en redes sociales generando indignación global, subraya la urgencia de combatir el matrimonio forzado infantil. «Ninguna tradición o interpretación religiosa puede justificar el sufrimiento de una niña», declararon activistas. Las autoridades competentes deben investigar a fondo y garantizar justicia y protección para la víctima.

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