Caracas condena enérgicamente los ataques aéreos de EE.UU. y moviliza a la población en defensa de la soberanía.

Caracas, Venezuela (RRC): El Gobierno de Venezuela, encabezado por el presidente Nicolás Maduro, ha reaccionado con firme condena a los recientes ataques aéreos atribuidos a Estados Unidos en territorio nacional, que incluyen explosiones reportadas en la capital y en instalaciones costeras. Fuentes internacionales y locales informan de al menos siete detonaciones en Caracas, cerca de bases militares como La Carlota y Fuerte Tiuna, así como en el aeropuerto de Higuerote, en un contexto de escalada militar que ha dejado la ciudad en alerta máxima.

El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, declaró que las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB) se encuentran en «máxima alerta» y listas para ejercer el «derecho inalienable a la legítima defensa». «Estas agresiones imperiales no doblegarán al pueblo venezolano. Responderemos con unidad nacional y fuerza soberana», afirmó Padrino en una alocución televisada. Por su parte, Maduro, en su mensaje de fin de año, prometió afianzar en 2026 el «desarrollo técnico y militar» para proteger la patria frente a «amenazas y doctrinas imperiales».

La respuesta oficial incluye la movilización masiva de tropas, milicias y reservas civiles en todo el país, con énfasis en zonas costeras y fronterizas. Manifestantes chavistas tomaron las calles de Caracas este viernes, portando banderas nacionales y armas, en una demostración de apoyo al Gobierno y rechazo a lo que califican como «piratería aérea» por parte de Washington. Diosdado Cabello, ministro del Interior, denunció el «acoso y ataques» estadounidenses, aunque el Ejecutivo ha evitado comentarios directos sobre incidentes específicos para no reconocer oficialmente las operaciones.

El contexto de esta crisis se remonta a septiembre de 2025, cuando EE.UU. inició ataques contra embarcaciones supuestamente vinculadas al narcotráfico en aguas internacionales, con un saldo de más de 110 muertos. La escalada incluyó un primer ataque terrestre confirmado en diciembre: un drone de la CIA destruyó una instalación portuaria costera, según revelaciones de The New York Times y declaraciones del presidente Donald Trump, quien justificó las acciones como parte de una campaña contra «narcoterroristas».

Washington mantiene un imponente despliegue militar en el Caribe, con el portaaviones USS Gerald R. Ford y miles de efectivos, bajo el argumento de combatir el tráfico de drogas. Sin embargo, Caracas lo interpreta como un intento de cambio de régimen y control de recursos petroleros. La Administración Federal de Aviación de EE.UU. (FAA) prohibió vuelos sobre Venezuela, citando «actividad militar elevada», lo que ha aislado aún más al país.

La comunidad internacional observa con preocupación. Países aliados como Rusia, China, Cuba y Nicaragua han respaldado a Venezuela, mientras que la ONU ha advertido sobre violaciones al derecho internacional. Analistas temen que esta escalada pueda desestabilizar la región, generando más migración y tensiones hemisféricas.

El pueblo caraqueño vive horas de incertidumbre: columnas de humo, sobrevuelos y despliegue de tanques marcan un panorama de guerra latente, mientras el Gobierno llama a la «resistencia bolivariana» para defender la soberanía nacional.

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