Kiev (RRC): A punto de cumplirse cuatro años desde el inicio de la invasión a gran escala de Rusia en Ucrania, las fuerzas rusas han logrado avances territoriales mínimos en 2025, capturando menos del 1% del territorio ucraniano, según análisis independientes y fuentes oficiales.
El Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, por sus siglas en inglés) estima que Rusia ha tomado aproximadamente 4.669 kilómetros cuadrados desde enero hasta diciembre de 2025, lo que representa solo el 0,77% del territorio total de Ucrania (unos 603.548 km²). Esta cifra coincide con declaraciones del presidente ruso Vladimir Putin en octubre, quien afirmó haber capturado casi 5.000 km², equivalentes a cerca del 1% del país.
Estos avances, concentrados principalmente en el este (Donetsk y Zaporiyia), han sido lentos y costosos. Rusia ha sufrido alrededor de 391.270 bajas (muertos y heridos) en el año, lo que equivale a unas 83 bajas por cada kilómetro cuadrado ganado, según datos del Estado Mayor ucraniano y el ISW. Analistas destacan que el ritmo de avance no supera el de un soldado caminando, incluso en sectores donde Rusia ha logrado progresos relativos, como cerca de Pokrovsk o Hulyaipole.
El ejército ruso ha sido forzado a tácticas de desgaste con infantería, debido a la efectividad de los drones ucranianos que impiden ataques mecanizados a gran escala. A pesar de reclamar «iniciativa estratégica», Moscú no ha logrado capturar ninguna gran ciudad ucraniana en 2025, y sus ganancias netas son insignificantes comparadas con las de 2022.
Por su parte, Rusia mantiene el control de cerca del 19-20% del territorio ucraniano (incluyendo Crimea y partes de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia ocupadas desde antes de 2025), pero no ha podido romper las líneas defensivas ucranianas de manera decisiva.
El conflicto, que se ha convertido en una guerra de desgaste, se ve agravado por negociaciones de paz estancadas. Ucrania insiste en la recuperación total de su territorio, mientras que Rusia exige la cesión permanente de las regiones ocupadas. Fuentes occidentales y ucranianas coinciden en que estos mínimos avances rusos en 2025 representan un fracaso estratégico para Moscú, que no ha logrado sus objetivos iniciales de conquista rápida.
La resistencia ucraniana, apoyada por drones y defensas antiaéreas, ha convertido el frente en un escenario de alto costo para Rusia, con pérdidas humanas y materiales que cuestionan la sostenibilidad de su ofensiva.

