Belén, Cisjordania (RRC): Por primera vez desde 2022, la ciudad de Belén celebró anoche el encendido oficial del árbol de Navidad en la Plaza del Pesebre con normalidad relativa, sin las cancelaciones totales ni las drásticas restricciones impuestas durante los dos últimos años a causa de la guerra en Gaza y la escalada de violencia en Cisjordania.
Miles de palestinos cristianos y algunos turistas internacionales se congregaron frente a la Basílica de la Natividad para presenciar el acto, encabezado por el alcalde de Belén, Anton Salman, y el primer ministro palestino, Mohammad Mustafa. El árbol de 15 metros, donado por la ciudad noruega de Trondheim, se iluminó con miles de luces multicolores mientras una banda de gaitas escocesas y coros locales interpretaban villancicos.
«Esta Navidad es un mensaje de esperanza y de vida después de dos años muy duros», declaró el alcalde Salman. «Queremos que el mundo vea que Belén sigue aquí, que nuestra gente sigue celebrando el nacimiento de Jesús a pesar del dolor».
Durante 2023 y 2024, las autoridades palestinas habían cancelado casi todas las celebraciones públicas de Navidad en solidaridad con las víctimas de Gaza y por las fuertes restricciones de movimiento impuestas por Israel en Cisjordania. Solo se mantuvo un árbol simbólico con luces apagadas y actos religiosos estrictamente litúrgicos.
Este año, aunque persisten controles militares israelíes en los accesos a la ciudad y la ocupación sigue limitando la llegada de peregrinos (especialmente desde Gaza, donde prácticamente nadie pudo obtener permiso), el ambiente fue notablemente más festivo. Los comercios de la calle de la Estrella reabrieron sus talleres de belenes de olivo y nacimientos tallados, y los hoteles registran una ocupación del 60-70 %, cifra aún lejos de los niveles prepandemia y pre-guerra, pero muy superior a los dos años anteriores.
El Latin Patriarch de Jerusalén, Pierbattista Pizzaballa, que presidió la tradicional procesión de entrada en Belén el pasado 30 de noviembre, pidió en su homilía «una Navidad de paz verdadera» y recordó a «los que sufren en Gaza, en Cisjordania y en todo Oriente Medio».
Aún con las luces encendidas y los villancicos resonando en la Plaza del Pesebre, la sombra de la guerra no desaparece del todo: muchos habitantes de Belén tienen familiares desplazados o fallecidos en Gaza, y la economía local sigue golpeada por la caída del turismo. Sin embargo, por primera vez en 24 meses, la ciudad que vio nacer Jesús según la tradición cristiana recuperó algo parecido a su alegría navideña habitual.
Las celebraciones continuarán hasta el 19 de enero con la Navidad ortodoxa, y las autoridades palestinas esperan que la relativa calma permita recibir al menos 100 000 visitantes durante la temporada, el doble que el año pasado.
