Chicago, Illinois (RRC): En un giro dramático que sacude las entrañas del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán López, conocido como «El Güero» y uno de los hijos del legendario narcotraficante Joaquín «El Chapo» Guzmán, admitió este lunes haber orquestado el secuestro de Ismael «El Mayo» Zambada, cofundador del poderoso cártel, para entregarlo a las autoridades estadounidenses. La confesión, presentada durante una audiencia en la Corte Federal del Distrito Norte de Illinois, detalla un plan de traición que involucró engaños, violencia y sedantes en un vuelo clandestino desde Sinaloa hasta Nuevo México.
Guzmán López, de 39 años y líder de la facción conocida como «Los Chapitos», se declaró culpable de dos cargos graves: conspiración para el tráfico de drogas y delincuencia organizada. Ante el juez federal, el hijo de «El Chapo» –quien enfrenta una posible cadena perpetua– reveló por primera vez los pormenores de la operación que culminó con la detención de Zambada el 25 de julio de 2024 en El Paso, Texas. Según documentos judiciales desclasificados, el secuestro no fue una rendición voluntaria, como se especuló inicialmente, sino un acto calculado para obtener «créditos» con el gobierno de Estados Unidos en su propio proceso judicial y el de su hermano Ovidio Guzmán López.
El Engaño en Sinaloa: Una Reunión que Terminó en Traición.
Todo comenzó en las sombras de Culiacán, Sinaloa, el bastión histórico del Cártel de Sinaloa. Guzmán López contactó a «El Mayo» –a quien se refiere en los documentos como «Individuo A»– días antes del fatídico 25 de julio de 2024. Bajo el pretexto de una reunión para «resolver desacuerdos» con figuras políticas locales, incluyendo al gobernador Rubén Rocha Moya y al exalcalde Héctor Melesio Cuén Ojeda, Zambada, de 77 años, acudió a un sitio privado en la finca de Huertos del Pedregal.
Lo que siguió fue un asalto brutal. «Por ahí donde entran varios hombres, que atan al Mayo y le colocan una bolsa en la cabeza», describe el acta de culpabilidad, citando la reconstrucción de los hechos por parte de la fiscalía. Zambada fue sacado por una ventana trasera, esposado con abrazaderas plásticas y arrastrado al suelo de una camioneta pick-up. El traslado duró apenas 15 minutos hasta una pista de aterrizaje clandestina cercana, donde lo obligaron a subir a una avioneta privada con matrícula clonada. Guzmán López, quien ya planeaba su rendición, aseguró que el piloto ignoraba el verdadero destino del vuelo hasta el despegue.
Esta versión corrobora la denuncia que «El Mayo» hizo pública en agosto de 2024, donde juró haber sido «secuestrado y llevado a Estados Unidos por la fuerza y contra mi voluntad». Zambada, quien evadió la captura por más de 50 años pese a una recompensa de 15 millones de dólares, insistió en que el encuentro era para mediar en disputas políticas sobre la rectoría de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y no para una entrega al FBI.
Sedantes en el Aire: El Vuelo de la Traición.
Una vez en el aire, el horror continuó. Atado a un asiento, Zambada –el hombre que ayudó a forjar el imperio del Chapo– fue sometido por su antiguo socio. «Después de que la aeronave despegó, Guzmán López preparó una bebida con sedantes, algunos de los cuales bebió él mismo y otros se los dio al Individuo A», detalla el documento judicial. El objetivo: mantener al capo calmado durante las dos horas de vuelo desde Sinaloa hasta un aeródromo en Nuevo México, donde agentes federales esperaban para arrestarlos a ambos.
La fiscalía enfatizó que Estados Unidos no solicitó ni coordinó el secuestro. «Fue una decisión exclusiva de Guzmán López, con la esperanza de reducir su sentencia y la de su hermano», aclaró la fiscal Erskine durante la audiencia. A pesar de esto, el «Güero» no recibirá beneficios directos por el acto, ya que viola cláusulas de su acuerdo de cooperación inicial. La aeronave aterrizó en territorio estadounidense sin alertar a las autoridades mexicanas, ocultando su trayectoria hasta cruzar la frontera.
Ramificaciones: Guerra Interna y un Juicio que Podría Reducir la Pena.
La entrega de «El Mayo» desató una guerra sangrienta en Sinaloa entre «Los Chapitos» –liderados por los hijos del Chapo, incluyendo a Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán– y «La Mayiza», la facción leal a Zambada. Desde julio de 2024, los choques han dejado al menos 1,200 muertos y 1,400 desaparecidos en el estado, según estimaciones de la Fiscalía General de la República (FGR) de México. Además, el homicidio de Cuén Ojeda –cuya sangre fue hallada en la finca del secuestro– ha sido vinculado al incidente, con la FGR acusando a Guzmán López de «traición a la patria» por privar ilegalmente de libertad a un mexicano para entregarlo a otro país.
En Chicago, la declaración de culpabilidad podría acortar la pena de Guzmán López, quien inicialmente se declaró inocente tras su extradición en septiembre de 2023. Los fiscales recomiendan un mínimo de 10 años de prisión –lejos de la perpetua– si cumple con la colaboración, incluyendo detalles sobre el flujo de fentanilo, cocaína y metanfetaminas que «Los Chapitos» envían desde China vía México a EU. La próxima audiencia está programada para el 1 de junio de 2026, donde se fijará la sentencia final.
Mientras «El Mayo» enfrenta 17 cargos en Nueva York y podría declararse culpable pronto, esta confesión expone las fracturas irreparables en el Cártel de Sinaloa. Para Guzmán López, el legado de su padre se transforma en un pacto con el diablo: la libertad relativa a cambio de traicionar a quien un día fue compadre. En las calles de Culiacán, el eco de la traición resuena como un disparo en la noche.
