“No me tiembla la mano”: La escalada diplomática entre Perú y México por el asilo a Betssy Chávez.

Perú (RRC): En un nuevo capítulo de tensiones diplomáticas que evocan el controvertido asalto ecuatoriano a la embajada mexicana en 2024, el presidente interino de Perú, José Jerí, ha lanzado una advertencia que podría romper todas las normas internacionales. “No me tiembla la mano”, declaró el mandatario de 39 años en una entrevista exclusiva con el diario El Comercio, al dejar abierta la posibilidad de que las fuerzas peruanas ingresen por la fuerza a la embajada de México en Lima para detener a la ex primera ministra Betssy Chávez. Esta declaración, pronunciada el 23 de noviembre, ha desatado una ola de reacciones en América Latina, profundizando la ruptura bilateral iniciada hace apenas semanas.

El contexto: Un golpe fallido y un asilo controvertido.

Todo remite al turbulento diciembre de 2022, cuando el entonces presidente Pedro Castillo intentó disolver el Congreso peruano en un fallido autogolpe de Estado. Betssy Chávez, de 36 años y quien fungía como primera ministra en ese gabinete, fue acusada de rebelión por su presunta participación en los eventos. Tras la destitución de Castillo y la asunción de Dina Boluarte, Chávez enfrentó procesos judiciales que culminaron el viernes 21 de noviembre en una orden de prisión preventiva por cinco meses, emitida por el juez Juan Carlos Checkley. El magistrado argumentó un «riesgo palpable de fuga», citando incumplimientos de Chávez a restricciones previas, como inasistencias a controles biométricos y audiencias.

Ante la inminente captura, Chávez se refugió el 2 de noviembre en la embajada de México en Lima, donde el gobierno de Claudia Sheinbaum le concedió asilo político. Esta decisión, enmarcada en la tradición mexicana de protección a perseguidos políticos, fue el detonante de la crisis. Perú, que ve en Chávez a una figura clave del «castillismo» –el movimiento de izquierda radical–, rompió relaciones diplomáticas con México a principios de mes, declarando a Sheinbaum persona non grata por su «intromisión en asuntos internos». La encargada de negocios mexicana, Karla Ornelas, abandonó Lima en medio de la escalada.

La amenaza de Jerí: “Si tiene que ingresarse, se hará”.

José Jerí Oré, un abogado constitucionalista que asumió la presidencia interina hace poco más de un mes tras la vacancia de Boluarte, no ha escatimado en su retórica de «mano dura». En su entrevista con El Comercio, respondió a preguntas sobre si replicaría el operativo ecuatoriano –donde el presidente Daniel Noboa irrumpió en la embajada mexicana para capturar al exvicepresidente Jorge Glas– con una frase que ya se viraliza: “Hay un mandato judicial hoy día y yo soy una persona abierta a todo tipo de posibilidades y decisiones. No me limito y, si tiene que ingresarse a la embajada mexicana, se hará. He demostrado con acciones concretas, que muchos no se lo esperaban, que no me tiembla la mano”.

Jerí, conocido por su estilo similar al del salvadoreño Nayib Bukele –con redadas masivas contra el crimen y endurecimiento carcelario–, enfatizó que Perú es un «país soberano» y que no permitirá «excesos» como los que, según él, han dañado relaciones previas. Ante la posibilidad de críticas de la izquierda latinoamericana, replicó: “No tengo miedo cuando sé que estoy haciendo lo correcto”. Incluso, al ser confrontado con la advertencia del presidente colombiano Gustavo Petro –quien en redes sociales amenazó con retirar la embajada de Colombia de Lima si Perú «agrede» la mexicana–, Jerí desestimó: “A palabras necias, oídos sordos”.

La declaración ha generado revuelo en redes sociales, donde usuarios como el periodista mexicano Álvaro Delgado la calificaron de «última hora» con más de 1,100 likes, y medios como Proceso y SinEmbargo la titularon directamente con la frase icónica del presidente peruano.

Reacciones: De la condena mexicana a la cautela interna.

La respuesta de México no se hizo esperar. En su conferencia matutina del 24 de noviembre, la presidenta Claudia Sheinbaum advirtió que cualquier irrupción en la embajada sería “una violación a la soberanía” y “violaría todas las leyes internacionales”. “El diálogo siempre es lo mejor, se pueden tener diferencias, pero una intervención en la embajada estaría fuera de toda norma”, enfatizó Sheinbaum, recordando el precedente ecuatoriano que llevó a México a romper lazos con Quito y demandar ante la Corte Internacional de Justicia. La mandataria defendió el asilo a Chávez como un “derecho dentro del marco de las relaciones internacionales”, y reiteró la posición de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, de que la destitución de Castillo fue un “golpe de Estado de la derecha peruana”.

En Perú, no todos respaldan la beligerancia de Jerí. El jefe del Gabinete Ministerial, Ernesto Álvarez, descartó de inmediato un ingreso forzado, argumentando que “se ha descontextualizado la idea misma del presidente” y que las leyes internacionales “limitan” tales acciones. “Tanto el presidente del Tribunal Constitucional como el canciller conocen que no es posible sustraer a una persona de una sede diplomática”, aclaró Álvarez, en un intento por bajar la temperatura. Expertos en derecho internacional, como los citados en El País, coinciden: las embajadas son inviolables bajo la Convención de Viena de 1961, y un asalto equivaldría a una afrenta a la soberanía mexicana, con posibles sanciones de la OEA o la ONU.

La crisis también salpica a otros actores regionales. Petro, aliado ideológico de Sheinbaum, ya ha movido ficha con su amenaza, mientras que el eco del caso Glas –que generó una condena unánime en la región– resuena como advertencia. En redes, el debate se polariza: algunos peruanos aplauden la «firmeza» de Jerí contra la «impunidad», mientras que voces mexicanas lo tildan de «autoritario».

Implicaciones: ¿Hacia una nueva fractura en América Latina?.

Esta confrontación no es aislada. Refleja las grietas ideológicas en la región: el Perú de Jerí, con su giro derechista y énfasis en la seguridad, choca con el eje progresista México-Colombia. Si Perú avanza en su amenaza, podría desencadenar una cascada de represalias: retiros diplomáticos, suspensiones comerciales o incluso un aislamiento similar al de Ecuador post-Glas. Económicamente, ambos países comparten el TLCAN-Pacífico, pero la ruptura ya ha tensionado flujos migratorios y turísticos.

Por ahora, la policía peruana vigila los exteriores de la embajada en Lima, y México mantiene su postura de «puertas abiertas» al diálogo. Sin embargo, la frase de Jerí –“no me tiembla la mano”– cuelga como una espada de Damocles sobre la diplomacia latinoamericana. ¿Se convertirá en acción, o quedará como bravata? Solo el tiempo, y quizás una mediación regional, lo dirá. Lo cierto es que, en un continente marcado por la polarización, este episodio recuerda que las embajadas, lejos de ser refugios inexpugnables, a veces se convierten en el epicentro de tormentas geopolíticas.

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