Por Ricardo Reyes.
Han pasado exactamente 30 años desde que los Acuerdos de Dayton pusieron fin a la Guerra de Bosnia en noviembre de 1995, un conflicto que dejó más de 100.000 muertos y marcó el sitio más largo de una capital en la historia moderna de Europa: Sarajevo, asediada durante 1.425 días (de abril de 1992 a febrero de 1996) por las fuerzas serbobosnias. En esa ciudad, más de 11.500 civiles perdieron la vida, muchos por disparos de francotiradores desde las colinas circundantes. Lo que durante décadas fue un rumor escalofriante ha vuelto a la luz en las últimas semanas: los llamados «safaris humanos», viajes organizados para extranjeros adinerados que pagaban fortunas por disparar contra civiles indefensos, como si se tratara de una cacería de animales.

Hoy, en 2025, la Fiscalía de Milán (Italia) investiga por primera vez estos hechos como homicidios agravados por crueldad y motivos abyectos. La pesquisa, que podría identificar a decenas de participantes aún vivos, ha reabierto heridas en Bosnia y generado titulares globales. ¿Fueron reales estos «safaris»? ¿Quiénes participaron? ¿Por qué resurgen ahora?
El contexto: Sarajevo bajo fuego
La Guerra de Bosnia (1992-1995) formó parte de la disolución violenta de Yugoslavia. Las fuerzas serbobosnias, lideradas por Radovan Karadžić y Ratko Mladić (ambos condenados a cadena perpetua por genocidio y crímenes contra la humanidad), rodearon Sarajevo para forzar su rendición. Desde posiciones elevadas en montañas como Trebević o Grbavica, francotiradores disparaban a cualquiera que se moviera: mujeres recogiendo agua, niños jugando, ancianos cruzando la calle.
La famosa «Avenida de los Francotiradores» (hoy Zmaja od Bosne) se convirtió en sinónimo de terror. Más de 1.600 niños murieron en la ciudad. La ONU documentó miles de impactos de bala en civiles. Pero entre esos disparos, algunos podrían no haber venido de soldados, sino de «turistas» pagados.
El origen del horror: testimonios de un «safari humano»
Las primeras denuncias datan de la propia guerra. En 1995, medios italianos como Corriere della Sera publicaron artículos sobre «vacaciones en Bosnia con tiroteo incluido». Un reportaje mencionaba «turismo de guerra» donde extranjeros, fingiendo ser ayuda humanitaria, pagaban para unirse a posiciones serbias.
El tema explotó en 2022 con el documental Sarajevo Safari, del director esloveno Miran Zupanič. La película recopila testimonios anónimos (rostros ocultos por seguridad) de exsoldados serbios, contratistas y un bombero voluntario que describen cómo extranjeros ricos –principalmente de Italia, Rusia, EE.UU., Canadá y otros países europeos– llegaban en helicópteros o vans, pagaban entre 70.000 y 100.000 euros (al cambio actual) y disparaban desde puestos de francotiradores.
Lo más macabro: existía una tarifa por víctima. Niños y mujeres embarazadas costaban más; ancianos, a veces, eran «gratis». «Jugaban a ser Dios», resume un testigo en el film. Un exmarine estadounidense testificó en 2007 ante el Tribunal de La Haya sobre extranjeros con rifles de caza «inapropiados para combate urbano».
Edin Subašić, exagente de inteligencia bosnia durante la guerra, es una de las fuentes clave. En entrevistas recientes (noviembre 2025), afirma que en 1993 capturaron a un soldado serbio que confesó el negocio. Subašić alertó a inteligencia italiana (SISMI), que respondió meses después: «Hemos descubierto que el safari sale de Trieste. Lo hemos parado». Según él, solo una estructura profesional –posiblemente servicios secretos serbios– podía organizarlo.
La exalcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karić (2021-2024), vio el documental siendo niña durante el sitio y presentó denuncia en Bosnia en 2022. El caso allí se estancó, pero sirvió de base para la investigación italiana.
La investigación actual: Italia al frente
En febrero de 2025, el periodista y escritor italiano Ezio Gavazzeni presentó una denuncia de 17 páginas en Milán, respaldada por abogados como Guido Salvini. Incluye testimonios de Subašić, informes de Karić y referencias al documental. La Fiscalía, a cargo del antiterrorismo, trata el caso como homicidio múltiple.
Perfil de los sospechosos: hombres adinerados, aficionados a las armas, simpatizantes de extrema derecha. Salían los viernes de Trieste (Italia), volaban a Belgrado y eran trasladados a Pale (cuartel serbobosnio). Gavazzeni estima «al menos 100» participantes italianos. La ruta involucraba la aerolínea serbia Aviogenex y sobornos en controles.
Italia coopera con Bosnia; el cónsul bosnio en Milán promete «toda la información». En EE.UU., la congresista Anna Paulina Luna abrió una pesquisa paralela por posibles estadounidenses implicados.
Reacciones y controversias
En Bosnia, el tema reaviva traumas. Sobrevivientes exigen justicia: «Que cuelguen a esos cazadores», dice un residente al Daily Mail. Veteranos serbobosnios niegan todo: «Mentiras y propaganda contra el pueblo serbio».
Críticos señalan falta de pruebas físicas directas (nombres, videos claros), y que algunos testimonios son anónimos o de segunda mano. Británicos que sirvieron en la ONU en los 90s dicen no haber oído nada. Sin embargo, múltiples fuentes coinciden en patrones: extranjeros novatos con armas de caza, disparos «de fin de semana».
Legado: ¿lección aprendida?
Treinta años después de Dayton, Bosnia sigue dividida étnicamente. Los «safaris humanos» simbolizan la deshumanización extrema de la guerra: convertir el sufrimiento en entretenimiento para ricos aburridos.
Hoy, mientras Italia busca nombres concretos, Sarajevo recuerda. El documental Sarajevo Safari y esta investigación recuerdan que la impunidad no es eterna. Como dice Karić: «Tenemos la obligación moral de aclarar la verdad y cerrar cuentas con el pasado».
En un mundo con conflictos activos, el caso interpela: ¿hasta dónde llega la crueldad humana cuando el dolor ajeno se convierte en espectáculo? Sarajevo, 30 años después, aún busca respuestas.
