Continúa el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela: Escalada militar y tensiones en el Caribe.

Washington (RRC): El conflicto entre Estados Unidos y Venezuela, que se remonta a décadas de desacuerdos políticos, sanciones económicas y disputas por el reconocimiento de gobiernos, ha alcanzado en 2025 uno de sus puntos más críticos.

Bajo la segunda administración de Donald Trump, Washington ha intensificado su presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, combinando acciones militares en el Caribe con designaciones de organizaciones criminales como terroristas.

Lo que comenzó como una campaña antinarcóticos ha evolucionado hacia una confrontación que evoca temores de intervención directa, aunque persisten señales mixtas sobre posibles diálogos diplomáticos.

Antecedentes: De las sanciones a la no reconocimiento

La crisis actual tiene raíces en las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024, consideradas fraudulentas por Estados Unidos y gran parte de la comunidad internacional. Maduro se proclamó ganador, pero evidencias independientes, incluyendo actas electorales recopiladas por la oposición, indicaron una victoria abrumadora del candidato opositor Edmundo González Urrutia. Washington reconoció a González como «presidente electo» y, desde enero de 2025, ha mantenido que Maduro es ilegítimo.

Durante el primer mandato de Trump (2017-2021), se impusieron duras sanciones al sector petrolero venezolano, acusando al régimen de corrupción y narcotráfico. En 2025, estas medidas se endurecieron: se revocaron licencias petroleras a empresas como Chevron, y se amenazó con aranceles del 25% a países que compraran crudo venezolano. Además, EE.UU. ha vinculado al gobierno de Maduro con el «Cartel de los Soles», una supuesta red de narcotráfico liderada por altos funcionarios.

La escalada militar en 2025

El punto de inflexión ocurrió en enero de 2025, cuando Trump designó a varios cárteles latinoamericanos, incluyendo el venezolano Tren de Aragua, como organizaciones terroristas extranjeras. Esto justificó, según Washington, una «guerra contra las drogas» que incluye operaciones militares.

Desde agosto, EE.UU. ha desplegado una fuerza sin precedentes en el Caribe: más de 15.000 tropas, buques de guerra, aviones F-35 y el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande y avanzado del mundo. Bajo la operación «Lanza del Sur» (Southern Spear), fuerzas estadounidenses han hundido al menos 21 embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico, causando más de 80 muertes. Washington califica estas acciones como legales en un «conflicto armado no internacional» con cárteles.

El 16 de noviembre de 2025, el Departamento de Estado anunció que designará al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera a partir del 24 de noviembre, acusando directamente a Maduro y su círculo de liderarlo. Esto abre la puerta a ataques contra activos e infraestructura venezolana.

En respuesta, Maduro ordenó una «vigilia permanente» en seis estados costeros, movilizando tropas, milicias bolivarianas y propaganda antiimperialista. Caracas denuncia un plan de invasión para apoderarse del petróleo venezolano, las mayores reservas probadas del mundo.

Señales mixtas: ¿Guerra o diálogo?

Trump ha enviado mensajes contradictorios. Por un lado, ha dicho que «los días de Maduro están contados» y no descarta operaciones terrestres o ataques a instalaciones de drogas dentro de Venezuela. Autorizó operaciones encubiertas de la CIA y ha hablado de controlar recursos naturales venezolanos.

Por otro, en declaraciones del 16 y 17 de noviembre, Trump se mostró abierto a hablar directamente con Maduro: «Es posible que estemos teniendo conversaciones» y «probablemente hablaría con él». Maduro, a su vez, ha expresado disposición al diálogo «face to face», aunque advierte que una intervención sería el «fin político» de Trump.

Expertos ven en esto una estrategia de presión máxima para forzar la salida de Maduro, posiblemente hacia el exilio, similar a casos recientes en otros países. Sin embargo, analistas advierten que una intervención prolongada podría generar un caos regional, con impactos en migración, fronteras (Colombia, Brasil, Guyana) y alianzas de Venezuela con Rusia, China e Irán.

Reacciones internacionales y riesgos regionales

La ONU se ofreció como mediadora, aunque ninguna parte ha solicitado su intervención formal. Países aliados de Maduro, como Cuba y Nicaragua, condenan la «agresión imperialista», mientras que aliados de EE.UU. en la región observan con cautela. Colombia teme un éxodo masivo, Brasil impactos en la Amazonía y Guyana tensiones por el disputado Esequibo.

Organizaciones de derechos humanos critican los ataques a embarcaciones como ejecuciones extrajudiciales, y expertos legales cuestionan su base en el derecho internacional.

Perspectivas: Un conflicto en punto muerto

A 18 de noviembre de 2025, el conflicto sigue sin resolución. El despliegue militar estadounidense mantiene la presión, pero la ausencia de ataques terrestres y las aperturas al diálogo sugieren que Trump busca una salida negociada que evite un «nuevo Iraq» en América Latina. Para Venezuela, la crisis profundiza su aislamiento y problemas económicos, con millones dependiendo de ayuda humanitaria.

El mundo observa si esta escalada derivará en confrontación abierta o en un acuerdo de último minuto. Lo cierto es que el conflicto entre EE.UU. y Venezuela no solo afecta a ambos países, sino que pone en riesgo la estabilidad de toda la región caribeña y sudamericana.

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