Uruapan RRC): En un atentado que conmociona a la nación, el alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, perdió la vida esta noche tras ser atacado a balazos durante el Festival de las Velas, una de las tradiciones más emblemáticas del municipio en vísperas del Día de Muertos. El político independiente, de apenas 40 años, se convirtió en la víctima más reciente de la escalada de violencia que azota a esta región aguacatera, epicentro de disputas entre cárteles criminales.
Carlos Manzo asumió la presidencia municipal de Uruapan en 2024 como candidato independiente, rompiendo con las estructuras partidistas tradicionales en un estado marcado por la corrupción y la inseguridad. Su gestión se enfocó en temas como la promoción económica del aguacate –producto que representa el 80% de las exportaciones de la región a Estados Unidos– y en la búsqueda de mayor seguridad para el municipio. Hace apenas unas semanas, Manzo había hecho pública una solicitud de refuerzos federales y estatales para combatir la presencia de grupos delictivos en Uruapan, una ciudad que ha sido blanco recurrente de atentados contra funcionarios públicos.
Uruapan, conocida como la «capital del aguacate», no es ajena a la tragedia. En los últimos años, el municipio ha registrado decenas de homicidios relacionados con la pugna entre carteles como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y La Familia Michoacana, que disputan el control de las rutas de narcotráfico y la extorsión a productores agrícolas. El asesinato de Manzo se suma a una lista siniestra que incluye a exalcaldes y candidatos baleados en plena campaña electoral.
El incidente ocurrió alrededor de las 18:00 horas en la Plaza Morelos, en el corazón del Centro Histórico de Uruapan, donde miles de personas se congregaban para el encendido de velas y las actividades culturales del Festival de las Velas. Este evento, que data de 1947 y atrae a turistas nacionales e internacionales, simboliza la luz y la memoria en el marco del Día de Muertos. Manzo, quien participaba en el acto oficial organizado por el Ayuntamiento, fue abordado por sujetos armados que abrieron fuego directamente contra él.
Testigos oculares describieron escenas de pánico: «El presidente estaba saludando a la gente cuando se escucharon las detonaciones. Cayó al suelo y la multitud corrió despavorida», relató un asistente al evento en redes sociales. Videos difundidos en plataformas como Instagram y YouTube capturan el caos, con gritos y el sonido de disparos resonando en la plaza iluminada por miles de velas.
Manzo fue trasladado de urgencia a un hospital local, donde luchó por su vida durante varias horas. Finalmente, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, confirmó su fallecimiento en un comunicado oficial emitido pasadas las 22:00 horas. «Lamento profundamente la muerte de Carlos Manzo, un servidor público comprometido con su gente. Toda la fuerza del estado está movilizada para capturar a los responsables», expresó Bedolla.
El atentado no se limitó a Manzo: una persona más perdió la vida en el lugar, presuntamente un colaborador cercano al alcalde, y al menos dos heridos fueron reportados en estado grave. Autoridades estatales detuvieron a dos sospechosos en las inmediaciones de la escena, aunque su vinculación con el crimen aún está bajo investigación. La Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán desplegó un operativo conjunto con elementos federales, incluyendo drones y perímetros de control en las salidas de la ciudad.
La noticia ha generado una ola de condolencias y repudio a nivel nacional. El presidente Andrés Manuel López Obrador, en su conferencia matutina del domingo, se pronunció contra la violencia política y prometió «resultados rápidos» en la pesquisa. Organizaciones como México Evalúa y el Instituto Nacional Electoral (INE) han instado a reforzar las medidas de protección para funcionarios locales, recordando que Michoacán acumula más de 20 agresiones contra candidatos en el ciclo electoral reciente.
La muerte de Carlos Manzo no es solo una pérdida personal, sino un recordatorio brutal de la fragilidad de la democracia en zonas de alta conflictividad. En un estado donde la «guerra por el aguacate» ha cobrado cientos de vidas, el asesinato de un alcalde en un evento público subraya la urgencia de estrategias integrales contra el crimen organizado. ¿Podrá este crimen catalizar cambios reales, o se sumará a la larga lista de impunidades?
Mientras Uruapan enciende sus velas en honor a los difuntos, la ausencia de Manzo deja un vacío que trasciende la política. Su legado, marcado por la valentía de alzar la voz contra la inseguridad, inspira a que la memoria no se apague con la bruma de la violencia. Que su luz guíe hacia un Michoacán más seguro.

