Por Ricardo Reyes.
En el contexto de una región marcada por desafíos globales como la inflación persistente, la incertidumbre geopolítica y la transición hacia economías más sostenibles, México se posiciona como una de las economías más grandes de Latinoamérica, pero con un crecimiento proyectado modesto para 2025.
Según proyecciones recientes, el Producto Interno Bruto (PIB) regional de América Latina y el Caribe se espera que crezca en torno al 2.2% en 2025, un ritmo que refleja una recuperación lenta tras los impactos de la pandemia y las tensiones comerciales internacionales.

En este panorama, México, la segunda economía más grande de la región después de Brasil, enfrenta obstáculos que limitan su expansión, colocándolo en una posición intermedia-baja en términos de tasas de crecimiento.
México destaca por su PIB nominal, estimado en aproximadamente 1.69 billones de dólares para 2025, lo que lo sitúa en el segundo lugar en Latinoamérica y el Caribe, solo por detrás de Brasil (con 2.13 billones de dólares).
Esta magnitud se debe en gran medida a su integración con la economía estadounidense a través del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), sus exportaciones manufactureras y el nearshoring, que ha atraído inversiones extranjeras en sectores como la automotriz y la electrónica.
Sin embargo, el tamaño no siempre se traduce en dinamismo: el crecimiento per cápita y la distribución de la riqueza siguen siendo retos pendientes, con altos niveles de informalidad que afectan la productividad general.
De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su actualización de octubre de 2025, el crecimiento del PIB real de México se proyecta en 1.3% para 2025.
Esta cifra lo coloca entre los países con menor expansión en la región, superado por naciones como Argentina (5.0%), República Dominicana (5.0%), Nicaragua (3.8%) y Paraguay (3.8%).
En contraste, economías más grandes como Brasil (2.2%) y Colombia (2.5%) muestran un desempeño ligeramente superior, mientras que Ecuador (1.2%) se sitúa por debajo.
A nivel regional, el promedio de crecimiento para América Latina y el Caribe es de alrededor del 2.4%, según el FMI, lo que indica que México está por debajo de la media.
Organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) coinciden en un panorama similar, proyectando un 2.2% para la región en 2025, con México y Centroamérica en un 1.0%, reflejando una desaceleración desde el 1.8% de 2024.
Esta posición relativa subraya que, aunque México beneficia de su proximidad con Estados Unidos, factores internos y externos limitan su potencial.
Varios elementos explican la proyección moderada para México en 2025. En primer lugar, la consolidación fiscal implementada por el gobierno para reducir el déficit presupuestario ha implicado recortes en el gasto público, lo que impacta negativamente en la inversión y el consumo.
Además, la incertidumbre generada por reformas judiciales recientes ha desalentado la inversión privada, tanto nacional como extranjera, al cuestionar la estabilidad institucional y el estado de derecho.
En el frente externo, la desaceleración económica en Estados Unidos –principal socio comercial de México– afecta las remesas y las exportaciones. Las remesas, que representan una fuente clave de ingresos para muchas familias, se esperan más suaves, mientras que posibles tensiones arancelarias añaden riesgos.
Adicionalmente, problemas estructurales como la informalidad laboral, la falta de inversión en innovación y capital humano mantienen al país en una trampa de baja productividad. La inflación persistente y las altas tasas de interés también frenan el consumo interno, que ha mostrado debilidad en la primera mitad del año.
A pesar de estos obstáculos, hay oportunidades para México. El nearshoring continúa atrayendo empresas que buscan relocalizar operaciones cerca de Norteamérica, y sectores como la energía renovable y la tecnología podrían impulsar el crecimiento si se abordan las barreras regulatorias.
Organismos como el Banco Mundial han ajustado al alza sus pronósticos para la región, reconociendo la resiliencia ante la incertidumbre comercial, aunque advierten sobre la deuda alta y la inflación.
Para 2026, se espera una recuperación gradual en México, con un crecimiento más cercano al 1.5-2.0%, siempre y cuando se estabilicen las reformas internas y el entorno global.
En conclusión, México mantiene una posición dominante en términos de tamaño económico en Latinoamérica, pero su crecimiento proyectado para 2025 lo sitúa en el segmento inferior de la región.
Abordar los desafíos estructurales y capitalizar las ventajas competitivas será clave para mejorar su trayectoria y contribuir a un desarrollo más inclusivo en el continente.

