RRC/Washington:: La NASA, bajo la dirección interina de Sean Duffy, ha anunciado planes para acelerar la construcción de un reactor nuclear en la Luna para 2030, con el objetivo de establecer una base permanente para humanos en la superficie lunar. Este reactor, que generaría al menos 100 kilovatios de energía (suficiente para alimentar unas 80 casas en EE. UU.), es considerado crucial para proporcionar energía continua durante las noches lunares de dos semanas, cuando la energía solar no es viable. La iniciativa es parte del programa Artemis y busca contrarrestar los planes de China y Rusia, quienes también planean un reactor nuclear lunar para 2035 como parte de su Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS).
El impulso de la NASA responde a preocupaciones geopolíticas, ya que se teme que el primer país en establecer un reactor pueda declarar una «zona de exclusión» que limite el acceso de otras naciones, afectando las ambiciones estadounidenses en la Luna. Sin embargo, el plan enfrenta desafíos significativos: los recortes presupuestarios del 24% propuestos para 2026, la falta de un administrador permanente en la NASA y retrasos en misiones clave como Artemis III (programada para 2027) generan dudas sobre la viabilidad del cronograma. Además, algunos científicos critican que el enfoque esté motivado más por competencia geopolítica que por objetivos científicos, lo que podría desviar recursos de otras misiones, como el retorno de muestras de Marte.
En 2022, la NASA otorgó tres contratos de 5 millones de dólares para diseñar reactores, y ahora busca propuestas de la industria privada para construir el reactor de 100 kW, con un líder asignado en 30 días y solicitudes emitidas en 60 días. Por otro lado, China y Rusia planean una base lunar más grande, con un radio de 3.7 millas, que incluiría un centro de comando y facilidades científicas, con la misión Chang’e-8 de China en 2028 como un paso clave.
Crítica al relato: Aunque la narrativa presenta esto como una «carrera espacial» con tintes de competencia geopolítica, es importante cuestionar si los plazos y recursos son realistas, especialmente con los recortes presupuestarios y la dependencia de tecnología no probada como el Starship de SpaceX. Además, la retórica de «zonas de exclusión» podría exagerar tensiones para justificar el gasto, mientras que la cooperación internacional, como los Acuerdos de Artemis, podría ser una alternativa menos confrontacional pero no se enfatiza. La falta de claridad sobre los costos y la logística de transportar material nuclear al espacio también plantea preguntas sobre la factibilidad técnica y los riesgos ambientales.
