RRC/Teherán: El Parlamento iraní aprobó el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y el 30% del gas natural licuado, como respuesta a los bombardeos de Estados Unidos contra tres instalaciones nucleares iraníes (Fordow, Natanz e Isfahán). Sin embargo, la decisión final depende del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.
El Estrecho de Ormuz, ubicado entre Irán y Omán, es una ruta marítima crítica que conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo, con un ancho de apenas 30-55 km en su punto más estrecho. Por él pasan diariamente unos 17-21 millones de barriles de crudo, siendo vital para países productores como Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar.
Un cierre del estrecho podría disparar los precios del petróleo, con estimaciones que sugieren un aumento a 120-250 dólares por barril, e incluso hasta 300 dólares en escenarios extremos, lo que provocaría una crisis energética global, afectando especialmente a economías dependientes como China, India, Japón y Corea del Sur. Sin embargo, un cierre total es considerado improbable por algunos analistas, ya que Irán también depende del estrecho para sus exportaciones de 1.7 millones de barriles diarios, principalmente a China.
Alternativas como oleoductos en Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos tienen capacidad limitada (unos 2.6 millones de barriles diarios), insuficiente para compensar un bloqueo total. Además, Irán ha enfrentado sanciones previas y ha desarrollado infraestructura como el oleoducto Goreh-Jask para evitar el estrecho, aunque su capacidad es reducida.
La amenaza de cierre, incluso sin concretarse, ya genera volatilidad en los mercados, con alzas recientes del 8-13% en el crudo Brent. El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, instó a China a disuadir a Irán, argumentando que sería un «suicidio económico» para Teherán. No obstante, la escalada militar, con ataques mutuos entre Irán, Israel y EE.UU., eleva el riesgo de interrupciones.
En resumen, aunque el cierre del Estrecho de Ormuz no es definitivo, su sola consideración amenaza la estabilidad energética global, con graves consecuencias económicas si se materializa.
