Por Carlos Avendaño.
Rocha, Sheinbaum y el reloj político. La pregunta sigue flotando en el ambiente político de Sinaloa: ¿Qué pasará con Rubén Rocha Moya? La respuesta, por ahora, es tan sencilla como incómoda: nadie la conoce. Mientras tanto, el Gobierno Federal parece apostar por una estrategia que en política suele utilizarse con frecuencia cuando no existe una salida clara: ganar tiempo, patear el bote y esperar, mientras tanto intentar administrar la crisis. Confiar en que las circunstancias cambien antes de tomar una decisión que pueda tener costos políticos elevados. Pero el tiempo también juega y no siempre a favor. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfrenta un escenario particularmente complejo. Cualquier decisión que tome respecto a Sinaloa tendrá consecuencias políticas, pero también las puede tener la decisión de no decidir. Porque en política, la inacción también comunica, y muchas veces comunica más que un discurso de una hora. A ello se le suma la relación bilateral con los Estados Unidos, en donde la presión sobre temas de seguridad, de combate al crimen organizado y de cooperación institucional, se mantiene como un asunto prioritario en la agenda. Si esta presión continúa incrementándose, el margen de maniobra del Gobierno mexicano podría reducirse considerablemente. No porque otro país dicte las decisiones nacionales, sino porque la relación entre ambos gobiernos tiene implicaciones políticas, económicas y diplomáticas que ningún presidente puede ignorar. Mientras tanto, por el rumbo de MORENA ya comienzan a aparecer las señales de nerviosismo. Unos defienden, otros guardan silencio, algunos cambian de versión, y no faltan quienes recurren a las acostumbradas maromas discursivas para explicar lo que ayer negaban y que hoy intentan justificar. La incertidumbre suele producir este efecto. Cuando nadie sabe cuál será el desenlace, abundan las especulaciones y escasean las certezas. En política existe una máxima por demás que infalible: cuando un gobierno tarda demasiado en resolver un problema, el problema termina gobernando la agenda del propio gobierno, y esto parece estar ocurriendo. Cada día que transcurre sin definiciones alimenta nuevas preguntas, nuevas versiones y nuevas interpretaciones. El reloj político no se detiene y el costo de esperar suele crecer conforme pasan las horas. La gran incógnita no es únicamente qué ocurrirá con Rubén Rocha Moya. La verdadera pregunta es ¿Cuánto tiempo más puede prolongarse la incertidumbre sin que el costo político alcance al propio Gobierno Federal? Porque las crisis tienen una característica muy particular, nunca desaparecen por decreto, y cuando se administran durante demasiado tiempo, terminan administrando a quienes intentaban controlarlas. En política, patear el bote puede servir para ganar unos días, pero nunca para detener el reloj…
Enrique Inzunza reapareció y también las preguntas. El flamante senador morenista de Sinaloa, Enrique Inzunza Cázarez, volvió a aparecer después de un prolongado silencio legislativo. No fue en un acto multitudinario, no fue en una gira por Sinaloa, ni tampoco ofreció una conferencia de prensa para responder a los cuestionamientos que han rodeado su nombre en las últimas semanas. Su reaparición ocurrió en una sesión virtual de la Comisión de Justicia del Senado, y bastó esta conexión para recordar que el senador sigue siendo integrante activo de la Cámara Alta. El regreso de Inzunza Cázarez llamó la atención porque coincide con el mismo periodo en el que acumuló un elevado número de inasistencias legislativas, mientras en la esfera pública crecían los cuestionamientos y las versiones en torno a su situación política y jurídica. Pese a ello, Enrique Inzunza Cázarez ha sostenido que permanecerá en el cargo porque fue electo para ejercer su encargo hasta el 2030. Legalmente, tiene razón, mientras no exista una resolución que determine lo contrario, conserva los derechos y las obligaciones inherentes a su investidura como senador. Pero la discusión política va mucho más allá de la legalidad. Tiene que ver con la rendición de cuentas, con la transparencia y con la necesidad de responder a una ciudadanía que espera explicaciones cuando un representante popular desaparece de la escena pública durante semanas. Porque en política el silencio rara vez aclara las dudas, generalmente las multiplica. Los cargos públicos no sólo implican cobrar una dieta o participar en votaciones. También exigen dar la cara cuando las circunstancias lo ameritan, especialmente cuando el nombre de un servidor público aparece ligado a señalamientos que generan interés público. En estos casos, el silencio suele convertirse en el mejor aliado de la especulación, y la especulación nunca fortalece la confianza ciudadana. La reaparición de Enrique Inzunza Cázarez resuelve una incógnita, confirma que sigue en funciones, pero deja abiertas muchas otras preguntas tales como: ¿El por qué una conexión virtual puede acreditar presencia? Esto difícilmente puede sustituir una explicación pública. Y en política, tan importante como estar presente, es el estar dispuesto a responder…
¿Y los cañeros? Mientras en el discurso oficial se habla de cercanía con el pueblo y compromiso con los productores, en los ingenios la realidad parece contar otra historia. Productores cañeros denuncian que mantienen tomadas las bodegas debido a un presunto adeudo millonario que, aseguran, sigue sin resolverse. La protesta, según afirman, no es un capricho; es la consecuencia de una incertidumbre que golpea directamente el bolsillo de cientos de familias que viven de la caña. Lo que más llama la atención, dicen los inconformes, es el silencio. Porque cuando se trataba de pedir el voto, los representantes populares conocían perfectamente el camino hacia los campos cañeros. Hoy, cuando los productores reclaman respuestas, pareciera que este camino quedó borrado del mapa. Las críticas también alcanzan al diputado local morenista Serapio Vargas Ramírez, a quien los manifestantes reprochan no haber fijado públicamente una postura ni encabezar gestiones visibles para atender el conflicto. Además, algunos productores señalan que la operación relacionada con la comercialización del azúcar recae en personas cercanas a su entorno, por lo que consideran que debería existir una explicación clara sobre el estado del adeudo y las acciones para resolverlo. Si estas percepciones son equivocadas, lo más sencillo sería despejarlas con información, porque el silencio rara vez calma una crisis, normalmente la agranda. Los cañeros no están pidiendo discursos, están pidiendo cuentas. No quieren promesas, quieren fechas. No buscan fotografías, buscan soluciones. En política existe una regla muy simple: quien presume representar a un sector también debe aparecer cuando este sector atraviesa dificultades. Porque el liderazgo no se demuestra en campaña, se demuestra cuando llegan los problemas. Y mientras las bodegas sigan tomadas y los productores continúen esperando respuestas, la pregunta seguirá flotando entre los surcos: ¿Quién está defendiendo realmente a los cañeros?…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
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