Por Carlos Hartig.
Tepic.- Detrás de la puerta de madera de la Comisión Estatal de Atención Integral a Víctimas (CEAIV), en el número 265 de Tepic, no hay consuelo ni justicia; hay un frío desierto de burocracia que desgarra lo poco que les queda a quienes ya lo han perdido todo. Lo que constitucionalmente nació para ser un refugio de esperanza y reparación, hoy opera como una aduana de humillación y maltrato psicológico. Resulta imperativo que las altas esferas del poder recuerden que detrás de cada expediente hay una vida rota, un hogar destruido y un dolor vivo que no se puede ignorar. Cruzar ese umbral se ha convertido en un acto de valentía extrema, donde las familias acuden buscando un hombro institucional y reciben, en su lugar, un trato despectivo que pisotea su dignidad y las reduce a lágrimas de absoluta impotencia.
El epicentro de esta indolencia tiene nombre y apellido: el Comisionado Estatal de Atención a Víctimas, Arturo Gerardo García Álvarez, cuya gestión se ha caracterizado por levantar murallas de soberbia frente al dolor humano. Durante las reuniones de trabajo, lejos de mostrar la sensibilidad y el tacto que exige un cargo de tal naturaleza, el funcionario ha adoptado una postura altanera y una mirada lastimosa que congela cualquier posibilidad de diálogo. Arturo Gerardo García Álvarez parece olvidar que la «reparación integral» no es un concepto técnico para presumir en informes, sino una obligación moral para devolverle un poco de paz a madres, padres e hijos en agonía. Su frialdad no es solo una falla administrativa; es un atentado emocional directo que despoja a las víctimas de su derecho a ser escuchadas y respetadas, transformando el espacio que debía protegerlas en un escenario de cruel revictimización.
Este entorno de hostilidad sistemática ocurre bajo la mirada cómplice e indiferente del Gobernador del Estado de Nayarit, el doctor Miguel Ángel Navarro Quintero. El mandatario estatal, quien en sus discursos apela constantemente al humanismo y al bienestar social, comete una grave omisión al ignorar el clamor de las familias y mantener en el cargo a un funcionario abiertamente repudiado por los afectados. Gobernador Navarro Quintero: la indolencia de su gabinete es también su responsabilidad. Ignorar las peticiones de auxilio y validar el despotismo de la CEAIV deshumaniza por completo a su administración, enviando el doloroso mensaje de que las tragedias de los nayaritas son solo un trámite incómodo. Es urgente que el Ejecutivo asuma un verdadero compromiso de empatía, voltee a ver los rostros cubiertos de lágrimas y entienda que gobernar con sensibilidad es una deuda histórica que no puede seguir postergando.
La insensibilidad del gobierno cobra un matiz de profunda crueldad al embestir de frente contra el corazón de la sociedad civil: los colectivos de búsqueda que cargan sobre sus hombros la tarea que las autoridades abandonaron. “Organizaciones como Familias Unidas por Nayarit” (COFAUNNAY), “En Busca de Verdad y Justicia”, “Por Nuestros Corazones”, “Renacer por Amor a Ellos”, “Guerreras en Búsqueda de Nuestros Tesoros”, “Buscadores Unidos de Nayarit”, “En Búsqueda de Nuestros Corazones” A.C. y “Uniendo Corazones Bahía de Banderas” representan el amor más puro y desgarrador: el de familias que desentierran la verdad con sus propias manos. Que Arturo Gerardo García Álvarez y la estructura estatal traten con desdén a estas madres y padres es una afrenta que debería conmover y avergonzar a cualquier servidor público. Estas personas no piden favores; exigen la justicia que el Estado les debe, y responderles con migajas económicas y burocracia es una infamia insostenible.
La quiebra moral de la institución es tan profunda que ha empujado a las víctimas a una paradoja jurídica desesperada: promover juicios de amparo ante la justicia federal para defenderse de la propia comisión estatal creada para asistirlas. El Fondo de Ayuda, Asistencia y Reparación Integral es administrado con una mezquindad que lacera, regateando viáticos elementales para camiones, búsquedas en campo o gastos médicos, como si se tratara de limosnas. El reto lanzado desde las lágrimas y la rabia es un llamado urgente a la conciencia colectiva: se desafía públicamente a Miguel Ángel Navarro Quintero y a Arturo Gerardo García Álvarez a bajarse de sus pedestales, dejar de lado sus privilegios y pretender sobrevivir una sola semana con las míseras asignaciones con las que pretenden sepultar el dolor de una pérdida humana.
Este clamor, que ya resuena con fuerza en la prensa nacional, debe dejar de ser visto por las autoridades como un ataque político y comenzar a ser entendido como una urgente llamada de auxilio humanitario. Nayarit no puede seguir siendo el triste ejemplo de un estado donde las instituciones desgastan a las víctimas hasta el cansancio físico y emocional. Hacemos un llamado enérgico a la reconciliación humana de los servidores públicos: es momento de que el gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero y el comisionado Arturo Gerardo García Álvarez dejen atrás el orgullo, miren a los ojos a los colectivos, sientan el peso de su dolor y transformen la CEAIV en el espacio de justicia, amor y dignidad que Nayarit necesita con desesperación.

