Carlos Avendaño
Por Carlos Avendaño.
La historia política de Rubén Rocha Moya, intenta parecerse demasiado a esas viejas leyendas sinaloenses donde el poder y el narcotráfico acaban cruzándose inevitablemente en la misma mesa. Y ahí es en donde aparece el fantasma histórico de Eliseo Quintero, aquel militar revolucionario que también nació en Badiraguato y que terminó vinculado al tráfico de opio en los años treinta y cuarenta. Dos épocas distintas, dos estilos distintos, pero una misma sombra recorriendo la historia política de Sinaloa, que tienen al narco como telón de fondo del poder. El símil comparativo resulta por demás brutal por todo lo que esto simboliza. Eliseo Quintero, pasó de héroe revolucionario a ser un personaje asociado al negocio del opio, convirtiéndose -según los historiadores y los cronistas- en uno de los primeros eslabones de esta genealogía criminal que décadas después terminaría alimentando el mito negro de Badiraguato. Y ahora, casi un siglo después, aparece en la nueva escena Rubén Rocha Moya quien enfrenta acusaciones provenientes de los Estados Unidos de Norteamérica por presuntos vínculos con “Los Chapitos”, en un caso que ya reventó no solo la estabilidad política de Sinaloa, sino que también la narrativa moral de MORENA. El sarcasmo histórico es demoledor: Badiraguato ha vuelto a producir a un gobernador cuyo nombre termina inevitablemente conectado con el narcotráfico. Como si la historia sinaloense estuviera atrapada en un círculo del que no logra escaparse. Y lo más inquietante es que Rubén Rocha Moya no era ajeno al fenómeno. Recordemos que él mismo escribió en el año 2013 una novela titulada: “El Disimulo». Así nació el narco”, en donde retrata el origen del narcotráfico en la sierra sinaloense, describiendo cómo el dinero, los sobornos y el miedo, terminaron moldeando a comunidades enteras. Vaya paradoja de la vida: el hombre que narró literariamente el nacimiento del narco en Sinaloa terminó acusado de convivir demasiado cerca de esta misma realidad. Pero quizá lo más devastador no son las acusaciones en sí, sino el simbolismo histórico. Porque el caso Rocha Moya revive esta vieja sospecha que ha perseguido a Sinaloa durante generaciones: la idea de que el narcotráfico no solo infiltra gobiernos, sino que también ayuda a moldearlos. Y ahí es en donde la comparación con Eliseo Quintero deja de ser simple anécdota histórica para convertirse en una advertencia política. Porque cuando dos hombres nacidos en Badiraguato terminan unidos por sospechas relacionadas con el negocio de las drogas, el problema deja de ser individual, pues se vuelve estructural. Y esto explica por qué el caso Rocha Moya ya no se percibe solamente como un escándalo político más. Hoy empieza a verse como otro capítulo de esta larguísima novela sinaloense donde el poder, el dinero y el narcotráfico, llevan demasiado tiempo escribiendo juntos la misma historia…
La política mexicana alcanzó un nivel surrealista extraordinario: ahora el calendario escolar podría modificarse no solamente por olas de calor, sino también por el Mundial de fútbol. Sí, así de peculiar está el debate nacional. Claudia Sheinbaum Pardo dejó abierta la puerta para que los estados decidieron recorrer el cierre del ciclo escolar debido a las altas temperaturas o incluso por el impacto del Mundial de Fútbol. Y aunque la explicación oficial busca verse flexible y federalista, inevitablemente deja preguntas bastante incómodas. Porque uno entiende perfectamente el tema del calor, porque en estados como Sinaloa, Sonora o Nuevo León, hay escuelas que literalmente se convierten en hornos industriales por falta de infraestructura adecuada, abanicos inútiles y aires acondicionados que sobreviven de milagro. Ahí sí hablamos de salud pública y condiciones mínimas de aprendizaje. Pero cuando el Mundial entra oficialmente en la conversación educativa, México vuelve a demostrar que el fútbol no es deporte: es religión de Estado. La ironía es deliciosa. Durante años se habló de elevar el nivel educativo, de reforzar las matemáticas, la lectura y las ciencias, y terminamos debatiendo si las vacaciones pueden acomodarse para no interferir con la fiesta futbolera, prioridades nacionales. Y claro, políticamente la decisión es cómoda: el gobierno federal se lava elegantemente las manos dejando que cada estado decida. Si sale bien, fue flexibilidad, pero si sale mal, fue responsabilidad local. Un claro manual clásico de administración de costos políticos. Pero lo más interesante es el mensaje cultural detrás del anuncio, porque refleja perfectamente al México contemporáneo: un país en donde las olas de calor extremas conviven con los estadios mundialistas multimillonarios; en donde faltan escuelas dignas, pero sobran discusiones sobre logística futbolera. Y mientras millones de estudiantes toman clases en las aulas sofocantes, el debate público termina girando entre termómetros y partidos de fútbol. La realidad es que el problema de fondo no es mover o no mover el calendario escolar, sino que el verdadero problema es que el sistema educativo mexicano sigue dependiendo de improvisaciones sexenales porque durante décadas nadie quiso invertir seriamente en infraestructura escolar moderna. Entonces llega el calor y colapsan las escuelas, llega el Mundial y se ajusta el calendario. México resumido en una sola escena: sobreviviendo entre la precariedad estructural y la pasión futbolera…
Los Fantasmas de Sinaloa. En política existe una regla curiosa: mientras menos aparece un personaje público, más versiones nacen sobre su paradero. Y así parece ocurrir con el ex gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya y el todavía senador Enrique Inzunza Cázarez, a quienes algunos ya los llaman con ironía “Los Fantasmas de Sinaloa”. Porque las historias abundan: de que, si los vieron en Punta Mita, de que si en Obregón, de que si en Palacio de Gobierno, de que si cerca del Hospital Ángeles, de que si en la Isla Musalá, y recientemente sobre la reaparición pública de Enrique Inzunza Cázarez junto a Javier Corral Jurado en el Country Club de Culiacán. Mientras las versiones circulan, las especulaciones crecen y los rumores viajan rápido, lo complicado es otra cosa: las evidencias verificables casi nunca avanzan al mismo ritmo. Y cuando faltan respuestas oficiales, la imaginación colectiva suele hacer el resto. Porque el vacío político rara vez permanece vacío, se llena con sospechas, con narrativas y con interpretaciones. Lo verdaderamente llamativo no es el rumor, sino el silencio. Porque figuras públicas acostumbradas durante años a ocupar los reflectores, hoy aparecen rodeadas de una extraña combinación entre ausencia, incertidumbre y mensajes esporádicos, y esto tiene un costo evidentemente. En política, desaparecer temporalmente no siempre reduce la presión, a veces la multiplica. Porque llega un momento en donde la pregunta deja de ser dónde están y la pregunta empieza a ser: ¿Por qué la necesidad de aclararlo tantas veces? Mientras tanto, Sinaloa continúa atrapado entre versiones, investigaciones, señalamientos internacionales y una conversación pública en donde cada aparición o ausencia termina convertida en noticia. La ironía es brutal, en un estado en donde miles de ciudadanos quisieran respuestas sobre seguridad, violencia o estabilidad institucional, buena parte del debate termina girando alrededor del paradero de quienes hasta hace poco concentraban el poder. Y así nacen los fantasmas políticos, no porque desaparezcan realmente, sino porque el silencio termina volviéndose más visible que la presencia…
Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…
Facebook: Carlos Avendaño Twitter: @Carlosravendano http://www.carlosavendano.mx
hectormunoz.com.mx - lagaceta.me - entreveredas.com.mx - rrcagenciainfomativa.com – nexusmedia.com – entreredes.com.mx

